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jueves, 14 de noviembre de 2013

LENIN HABLA DE F.ENGELS (JEFATURA II)


FEDERICO ENGELS
(Lenin, 1895)





¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado!
¡Qué gran corazón ha dejado de latir!

El 5 de agosto de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable sabio y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en una obra común. Y así, para comprender lo que Federico Engels ha hecho por el proletariado, es necesario comprender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx en pro del desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus reivindicaciones surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la burguesía, crea inevitablemente y organiza al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clases del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en dejar sentado en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras. Y esto ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que estas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clases consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.

Estos conceptos de Marx y de Engels los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación. Pero cuando los dos amigos, en la década del 40, participaban en la literatura socialista y en los movimientos sociales de aquel tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin talento, muchos honrados y otros deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los monarcas, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. Estos hombres ni siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social independiente. Por otra parte, ha habido muchos soñadores, algunas veces geniales, que creían que bastaba tan sólo convencer a los gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo que triunfara sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época y, en general, los amigos de la clase obrera no veían en el proletariado más que una llaga y contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la industria, crecía también esta llaga. Por eso todos ellos pensaban en el modo de detener el desarrollo de la industria y del proletariado, de parar “el carro de la historia”. Contrariamente al temor general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en el continuo crecimiento numérico de éste. Cuantos más proletarios haya tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria y tanto más próximo y posible será el socialismo. De expresar en pocas palabras los méritos de Marx y Engels ante la clase obrera, podría decirse que enseñaron a la clase obrera a tener conocimiento y conciencia de sí misma y sustituyeron los ensueños por la ciencia.
He aquí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos de todo obrero;

(...)

El proletariado europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones mutuas superan a todas las emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels siempre, y en general con toda justicia, se posponía a Marx. “Al lado de Marx —escribió en una ocasión a un viejo amigo suyo-— me correspondió el papel de segundo violín”. Su cariño hacia Marx mientras éste vivió y su veneración a la memoria del amigo muerto fueron infinitos. Engels, el luchador austero y pensador profundo, era hombre de una gran ternura.

Después del movimiento de 1848-49, Marx y Engels, en el exilio, no se dedicaron únicamente a la labor científica. Marx creó en 1864 la “Asociación Internacional de los Trabajadores”, que dirigió durante todo un decenio. También Engels participó activamente en sus tareas. La actividad de esta “Asociación Internacional”, que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero. Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la década del 70, el papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Por el contrario, puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba desarrollándose sin cesar.

Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió siendo el consejero y dirigente de los socialistas europeos. A él acudían en busca de consejos y directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a pesar de las persecuciones gubernamentales, iban constante y rápidamente en aumento, como los representantes de países atrasados, por ejemplo, españoles, rumanos, rusos, que se veían en el trance de meditar y medir con toda cautela sus primeros pasos. Todos ellos provechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels.

(...)

¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador y maestro del proletariado!



jueves, 7 de noviembre de 2013

ENGELS HABLA DE K. MARX (SOBRE JEFATURA I)





Comenzamos la publicación de una serie de documentos como arma de combate contra la tesis revisionista del “culto a la personalidad”. Tesis salida del XX Congrerso del PCUS y difundida mediante el “Informe secreto”, elaborado por la burguesía burocrática rusa encabezada por Nikita Jrushchov, con el propósito encubrir, legitimar, defender la restauración del capitalismo en la URSS por los socialfasistas rusos y tratar de impedir que el proletariado  soviético volviera a conquistar el poder en la URSS. En el mundo que las guerras revolucionarias y las luchas de las masas en todo el mundo no fueran dirigidas por verdaderos Partidos Comunistas.

La tesis del “culto a la personalidad” es un ataque a la dirección proletaria de la revolución, un ataque a la  posición de Lenin sobre la relación entre Jefes y masas. Usaron la difamación, la injuria y el ataque personal contra J. Stalin para presentarlo como un personaje oscuro: un soberbio opuesto a la modestia de Lenin y un criminal. No hubo en el “informe” ninguna crítica ideológica y política. Se atacó la figura de J.Stalin para enfrentar a la  jefatura basada en una ideología con las masas,  para atacar el marxismo, atacar la dictadura del proletariado y el centralismo democrático en nombre la "dirección colectiva", de la tesis  para imbéciles del "control de abajo a arriba" o el absurdo de la "sobrevaloración del individuo".

La burguesía comprende la importancia de la Jefatura para la clase obrera, los años, décadas,  que cuesta forjar una dirección proletaria, en dura lucha de dos líneas contra el revisionismo, y cómo entre todos los jefes destaca uno (Marx, Lenin, el Presidente Mao o el Presidente Gonzalo, etc.) por eso atacan a los grandes jefes del proletariado. Podemos también comprobar cómo el revisionismo, que no da la cara, que evita el debate ideológico, levantó la cabeza  tras la muerte de Engels, o de Lenin.  Cómo se desbocó el revisionismo tras la muerte de J.Stalin y cómo hoy, tras la detención del Presidente Gonzalo se ha desbocado el revisionismo con “membrete” maoísta tanto en el Perú (LOD y LOI) como a nivel internacional. Hoy atacan al Presidente Gonzalo y a su pensamiento para justificar la capitulación ante el imperialismo y la reacción, defendiendo lo que sólo se atrevieron a defender tras la detención del Presidente Gonzalo, como ratas revisionistas y cobardes que son. Se ha cumplido lo que  anunció Engels a la muerte de K. Marx: "Las luminarias locales y las mentalidades inferiores, sin hablar de los farsantes, tendrán ahora camino libre."




ENGELS SOBRE K.MARX

De Engels a H. Starkenburg Londres 25 de enero de 1894:

«b) Los hombres hacen su historia, pero hasta ahora no la hacen con una voluntad colectiva, ni siquiera dentro de una sociedad dada perfectamente definida. Sus esfuerzos se entrechocan, y por esa misma razón todas las sociedades son gobernadas por la necesidad, la que es complementada por, y aparece en la forma de azar. La necesidad que aquí se impone en medio de todos los accidentes, es nuevamente y en última instancia la necesidad económica. Es aquí donde interviene la cuestión de los llamados grandes hombres. El que tal y tal hombre, y precisamente ese hombre, surja de un momento determinado en un país dado, es por supuesto un accidente. Pero suprímaselo, y habrá demanda de un sustituto, y éste será encontrado, bueno o malo, pero a la larga lo encontrará. El que Napoleón, precisamente ese corso, fuera el dictador militar que la República Francesa, agotada por su propia guerra, había tornado necesario, fue un azar; pero si no hubiera existido Napoleón, otro habría ocupado su lugar, como lo demuestra el hecho de que siempre se encontró al hombre tan pronto como se tornó necesario: César, Augusto, Cromwel, etc.»


PROLOGO DE ENGELS A LA EDICION ALEMANA DE 1883 DEL «MANIFIESTO COMUNISTA».

Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edición del Manifiesto ya sólo aparecerá mi firma. Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre su tumba crece ya la primera hierba.  Muerto él, sería doblemente absurdo pensar en revisar ni en ampliar el Manifiesto.  En cambio, me creo obligado, ahora más que nunca, a consignar aquí, una vez más, para que quede bien patente, la siguiente afirmación:

La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx .

Y aunque ya no es la primera vez que lo hago constar, me ha parecido oportuno dejarlo estampado aquí, a la cabeza del Manifiesto.


De Engels a Sorge, Londres, 15 de marzo de 1883

«Sea como fuere, la humanidad tiene una cabeza menos, y la cabeza más grandiosa de nuestro tiempo. El movimiento proletario prosigue, pero se ha ido su figura central, a la que franceses, rusos, americanos y alemanes recurrían espontáneamente en los momentos críticos, para recibir siempre ese consejo claro e incontestable que sólo podían dar el genio y una perfecta comprensión de la situación.

Las luminarias locales y las mentalidades inferiores, sin hablar de los farsantes, tendrán ahora camino libre. La victoria final es segura, pero los caminos tortuosos, los errores pasajeros y locales —cosas todas que aún ahora son tan inevitables- serán más corrientes que nunca. Pues bien, tendremos que ocuparnos nosotros. ¿Para qué estamos si no es para eso?»
 Y todavía no estamos cerca de perder el valor.


Engels a Liebknecht el 14 de marzo:

“A pesar de haberlo visto esta noche echado en su cama con la rigidez de la muerte en su rosto, no puedo convencerme del todo de que esta mentalidad brillante haya dejado de impregnar con sus poderosos pensamientos al movimiento proletario de ambos mundos. Todo lo que somos se lo debemos a él; y el movimiento, tal como es hoy, es producto de su trabajo teórico y práctico. Si no hubiera sido por él, todos nosotros seguiríamos tanteando a oscuras en un laberinto de confusiones”.


Engels  a Bernstein  14 de marzo 1883:

"Lo que significó este hombre para nosotros, teóricamente así como en la práctica en todos los momentos decisivos, sólo puede comprenderlo quien haya estado largo tiempo a su lado. Su poderosa visión quedará enterrada junto con él por muchos años.
Era algo de lo cual los demás no éramos capaces. El movimiento seguirá su camino, pero le faltará esa intervención serena, oportuna, reflexiva, que en el pasado lo salvara de tantos errores fastidiosos”.


Engels a j. Ph. Becker 15 de marzo de 1883:

"Ha cesado de pensar el más grande cerebro de nuestro Partido, ha cesado de latir el más fuerte corazón que yo haya conocido jamás. Lo más probable es que se haya tratado de una hemorragia interna.

Usted y yo somos casi los últimos sobrevivientes de la vieja guardia de 1848. Pues bien, seguiremos en la brecha. Las balas silban, nuestros amigos caen en torno nuestro, pero no es la primera vez que lo he visto. Y si una bala nos pega a alguno de nosotros, pues venga: sólo pido que pegue limpia y derechamente, sin postrarnos en larga agonía».




sábado, 27 de julio de 2013

ENGELS A AUGUSTO BEBEL (*)

EN HUBERTUSBURG
(Londres, 20 de junio de 1873)


Contestaré primero a su carta, pues la de Liebknecht se halla todavía en poder de Marx, y en estos momentos no puede encontrarla.

No ha sido Hepner, sino la carta de York a Hepner, firmada por el Comité, lo que nos ha hecho temer aquí que vuestra detención fuese aprovechada por la dirección del partido, desgraciadamente toda ella lassalleana, para convertir el "Volksstaat" [1] en algo parecido a un «honesto» "Neuer Social-Demokrat" [2]. York ha confesado de plano que tal era la intención, y en vista de que el Comité se atribuía el derecho de nombrar y destituir a los directores del periódico, el peligro ha sido, indudablemente, muy grande. El inminente destierro de Hepner dio aún más fuerza a estos planes. En tales circunstancias, era preciso que conociéramos la situación con toda exactitud. He aquí la razón de esta correspondencia...

Desde luego, usted puede juzgar mejor que nosotros cuál es la táctica que más le conviene al partido, sobre todo en los casos particulares, en lo que respecta a su actitud ante el lassalleanismo. Pero también debe ser tenido en cuenta lo siguiente. Cuando se encuentra uno, hasta cierto punto, en la situación de competidor con la Asociación General de Obreros Alemanes [3] --como es el caso de ustedes--, puede ocurrir fácilmente que se conceda demasiada atención al adversario y se adquiera la costumbre de pensar siempre y ante todo en él. Pero la Asociación General de Obreros Alemanes y el Partido Obrero Socialdemócrata aún constituyen, juntos, una minoría insignificante de la clase obrera alemana. Nuestra opinión, confirmada por una larga experiencia, es que una buena táctica de propaganda no debe proponerse arrebatar aquí y allí al adversario algunos militantes aislados o algunos grupos de militantes, sino influenciar a las grandes masas que todavía no se han incorporado al movimiento. Un solo individuo arrancado por nosotros a la masa virgen vale más que diez tránsfugas lassalleanos, que siempre traen al partido gérmenes de sus concepciones erróneas. Si lográsemos conquistar únicamente a las masas, sin sus dirigentes locales, la cosa no estaría mal. Por desgracia, siempre tenemos que aceptar además a un montón de líderes de esta clase, prisioneros de sus antiguas declaraciones públicas, cuando no de sus antiguos puntos de vista, y que ahora quieren demostrar por encima de todo que no han [456] abjurado de sus principios, sino que, por el contrario, es el Partido Obrero Socialdemócrata quien predica el verdadero lassalleanismo. Esta fue la desgracia ocurrida en Eisenach [4], inevitable tal vez en aquel entonces, pero no cabe duda de que todos esos elementos causaron daño al partido; y no estoy muy seguro de que sin su incorporación el partido tendría hoy menos fuerza de la que tiene. En todo caso, creo que sería una desdicha el que esos elementos recibieran refuerzos. 

No hay que dejarse engañar por los gritos de «unidad». Precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones; así ocurre con los actuales bakuninistas del Jura suizo, que han sido los instigadores de todas las escisiones y que por nada claman tanto como por la unidad. Estos fanáticos de la unidad, o bien son hombres de cortos alcances que desean mezclarlo todo en una masa indefinida, a la que basta dejar que se sedimente un poco para que se exacerben aún más las contradicciones de todos esos elementos que ahora se encuentran metidos en un mismo puchero (en Alemania tienen ustedes el excelente ejemplo de los señores que predican la reconciliación de los obreros con los pequeños burgueses); o bien se trata de personas que, consciente o inconscientemente (como Mülberger, por ejemplo), quieren desvirtuar el movimiento. Por eso, los sectarios más inveterados y los peores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad.

Es lógico y está muy bien que toda dirección de partido busque éxitos en su trabajo. Pero hay circunstancias en las que se debe tener el valor de renunciar a los éxitos inmediatos en aras de cosas más importantes. Sobre todo un partido como el nuestro, cuyo éxito final está plenamente asegurado y cuyo crecimiento en nuestra época y ante nuestros propios ojos ha sido tan gigantesco, no necesita, siempre y en todas las condiciones, obtener éxitos inmediatos. Tomemos el ejemplo de la Internacional. Después de la Comuna logró éxitos enormes. Los burgueses, muertos de miedo, la creían omnipotente. La gran masa de militantes de la Internacional pensaba que las cosas iban a continuar así eternamente. Nosotros sabíamos perfectamente que el globo tenía que reventar.

Gente de lo más despreciable se había adherido a la Internacional. Los sectarios que se hallaban en sus filas se aprovecharon abusivamente de su condición de miembros de la Internacional y llegaron en su desfachatez a suponer que se les iba a tolerar las más grandes necedades y vilezas. Pero nosotros no lo toleramos.

Sabiendo perfectamente que el globo tenía que reventar algún día, procuramos no aplazar la catástrofe y lograr que la Internacional saliese de ella limpia e incorrupta. El globo estalló en La Haya [5], y ya sabe usted que la mayoría de los miembros del Congreso regresó a sus casas profundamente desilusionada. Pero estos decepcionados, que se imaginaban que en la Internacional hallarían el ideal de la fraternidad y la reconciliación universales, provocaban casi todos ellos en sus organizaciones locales peleas mucho más graves de las que estallaron en La Haya. Ahora, los intrigantes sectarios predican la reconciliación y nos acusan de ser unos intratables y unos dictadores. Pero, ¿cuál hubiera sido el resultado si nosotros hubiésemos adoptado en La Haya una actitud conciliadora, si hubiésemos tratado de encubrir la escisión inminente? Los sectarios, esto es, los bakuninistas, habrían tenido un año más a su disposición para realizar en nombre de la Internacional estupideces
e infamias aún mayores; los obreros de los países más adelantados se habrían apartado llenos de repulsión; el globo no habría estallado, se habría desinflado lentamente, asaeteado a alfilerazos, y el Congreso siguiente, en el que forzosamente tendría que haber estallado la crisis, se habría convertido en la más vulgar y escandalosa de las
peleas personales, pues el sacrificio de los principios ya se habría realizado en La Haya.

Pero entonces la Internacional habría muerto realmente, asesinada por la «unidad». En lugar de eso, nos desembarazamos honrosamente de los elementos podridos (los miembros de la Comuna que asistieron a la última sesión decisiva, decían que ninguna sesión de la Comuna les había producido una impresión tan terrible como aquella reunión encargada de juzgar a los que habían traicionado al proletariado europeo); durante diez meses les habíamos permitido que mintieran, calumniaran e intrigaran todo lo que quisieran, ¿y cuál ha sido el resultado? Esos supuestos representantes de la enorme mayoría de la Internacional declaran ahora que no se atreven a presentarse en el próximo Congreso (más detalles en el artículo que envío al "Volksstaat" al mismo tiempo que esta carta [*]). Y si tuviéramos que hacerlo otra vez, procederíamos, en términos generales, de la misma manera; los errores tácticos, claro está, son siempre posibles.

En todo caso, estoy seguro de que con el tiempo los mejores elementos de entre los lassalleanos vendrán ellos mismos al partido, por lo que no sería razonable arrancar el fruto antes de que esté maduro, como pretenden hacerlo los grajos de la unificación.

Por lo demás, ya el viejo Hegel decía que un partido demuestra su triunfo aceptando y resistiendo la escisión [6].
El movimiento proletario pasa necesariamente por diversas fases de desarrollo, y en cada una de ellas se atasca parte de la gente, que ya no sigue adelante. Esa es la única razón de que en la práctica la «solidaridad del proletariado» se lleve a cabo en todas partes por diferentes grupos de partido que luchan entre sí a vida o muerte, como las sectas cristianas del Imperio romano en la época de las peores persecuciones.

Tampoco debe olvidar usted que si, por ejemplo, el "Neuer Social-Demokrat" tiene más suscriptores que el "Volksstaat", eso se debe a que cada secta es necesariamente fanática, y gracias a ese fanatismo --sobre todo donde la secta es nueva, como ocurre, por ejemplo, con la Asociación General de Obreros Alemanes en Schleswig-Holstein-- consigue éxitos momentáneos mucho más importantes que el partido que representa simplemente el movimiento real, sin extravagancias sectarias. Por otra parte, el fanatismo es algo que no dura mucho.

Termino mi carta, pues va a salir el correo. Quiero añadir a toda prisa que Marx no puede emprenderla con Lassalle [7] mientras no quede terminada la traducción al francés [*] (probablemente a fines de julio); además, necesita descansar a toda costa, pues se encuentra muy fatigado....

"Bolshevik", núm. 10, 1932.

(*) las letras en negrita y el énfasis puesto en partes del texto es obra nuestra.
[1] 54. "Der Volksstaat" («El Estado del pueblo»), órgano central del Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (los eisenachianos), se publicó en Leipzig del 2 de octubre de 1869 al 29 de setiembre de 1876. La dirección general corría a cargo de G. Liebknecht, y el director de la editorial era A. Bebel. Marx y Engels colaboraban en el periódico, prestándole constante ayuda en la redacción del mismo. Hasta 1869, el periódico salía bajo el título "Demokratisches Wochenblatt" (véase la nota 94).
Trátase del artículo de J. Dietzgen "Carlos Marx. «El Capital. Crítica de la Economía política»", Hamburgo,
1867, publicado en "Demokratisches Wochenblatt", núms. 31, 34, 35 y 36 del año 1868.- 96, 178, 314, 324, 452,
[2]238. "Neuer Social-Demokrat" («El Nuevo Socialdemócrata»), periódico alemán, se publicó en Berlín de 1871 a 1876. Organo de la Asociación General de Obreros Alemanes fundada por Lassalle. Sostenía una lucha contra la dirección marxista de la Internacional y el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán. Apoyaba a los bakuninistas y los representantes de otros partidos antiproletarios.- 299, 453, 455.
[3] 285. "Asociación General de Obreros Alemanes", organización política de los obreros alemanes, fundada en 1863 con la participación activa de Lassalle. La Asociación existió hasta 1875, cuando, en el Congreso de Gotha se produjo la unificación de los lassalleanos y los eisenachianos (partido encabezado por Liebknecht y Bebel) para formar el Partido Socialista Obrero de Alemania.- 438, 455.
[4] 305. En Eisenach, en el Congreso de los socialdemócratas de Alemania, Austria y Suiza, celebrado el 7-9 de agosto de 1869, fue creado el Partido Socialdemócrata Obrero Alemán, cuyo programa respondía al espíritu de las exigencias de la Internacional; sin embargo, se hacían en él varias concesiones a los lassalleanos.- 456.
[5] 242. El Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores celebrado en La Haya tuvo lugar del 2 al 7 de septiembre de 1872. Asistieron a sus labores 65 delegados de 15 organizaciones nacionales. En el
Congreso dirigido personalmente por Marx y Engels, se dio cima a la lucha de los fundadores del socialismo
científico y de sus adeptos contra toda clase de sectarismo pequeñoburgués en el movimiento obrero. La
actividad escisionista de los anarquistas fue condenada y sus líderes fueron expulsados de la Internacional. Los acuerdos del Conereso de La Haya colocaron los cimientos para la creación de partidos políticos de la clase obrera independientes en los diversos países.- 309, 457, 459.
[*] F. Engels. "En la Internacional". (N. de la Edit.)
[6] 306. Hegel. "Fenomenología del espíritu", párrafo "Verdad de la educación".- 458.
[7] 307. En 1872-1873, Liebknecht y Hepner pidieron reiteradas veces a Marx que escribiera un folleto o un
artículo para "Volksstaat" criticando las concepciones de Lassalle.- 458.
[*] Se trata de la traducción del tomo primero de "El Capital". (N. de la Edit.)

viernes, 19 de julio de 2013

TODO SE DIVIDE EN DOS



DE ENGELS A BEBEL



Leí apresuradamente el segundo artículo [de Vollmar], al tiempo que hablaban constantemente dos o tres personas. De no ser así, la forma en que se representa la Revolución Francesa me habría conducido a descubrir la influencia francesa, y con ello, sin duda, también a mi Vollmar. Usted ha percibido este aspecto muy correctamente. Él es, por fin la soñada corporización de la frase sobre la “masa reaccionaria”. Por aquí, todos los partidos oficiales unidos en un hato, por allá, todos los socialistas en una columna, y la gran batalla decisiva. Victoria en toda la línea y de un golpe. En la vida real, las cosas no suceden tan sencillamente. En la vida real, como también lo señala usted, la revolución empieza de modo precisamente opuesto, juntándose la gran mayoría del pueblo y también de los partidos oficiales, contra el gobierno, que con ello queda aislado, y derrocándolo, y únicamente después que aquellos partidos que pueden sobrevivir se han destruido mutua y sucesivamente, es que tiene lugar la gran división de Vollmar, y con ello la perspectiva de nuestro mando. Si, como Vollmar, quisiésemos empezar derechamente por el acto final de la revolución nos encaminaríamos por una vía miserablemente mala.

En Francia se ha producido la escisión largamente esperada. La primitiva conjunción de Guesde y Lafargue con Malon y Brousse fue, sin duda, inevitable cuando se formó el Partido, pero Marx y yo nunca abrigamos la ilusión de que pudiese durar. La alternativa es puramente de principios: ¿la lucha ha de ser llevada a cabo como lucha de clases del proletariado o de la burguesía, o ha de permitirse que en buen estilo oportunista (o como se denomina en la traducción socialista: posibilista) ha de olvidarse el carácter de clase del movimiento y el programa cuando por este medio se presenta una oportunidad de ganar más votos, más afiliados? Malon y Brousse, al declararse a favor de la última alternativa, han sacrificado el carácter clasista, proletario, del movimiento, haciendo inevitable la separación. Tanto mejor. El desarrollo del proletariado se realiza en todas partes en medio de luchas internas, y Francia, que está formando ahora por primera vez un partido obrero, no hace excepción. En Alemania hemos superado la primera etapa de la lucha interna y nos esperan otras fases. La unidad es algo muy bueno mientras sea posible, pero hay cosas más elevadas que la unidad. Y cuando, como Marx y yo, se ha luchado toda la vida más duramente contra los seudosocialistas que contra ningún otro (porque sólo considerábamos a la burguesía como una clase, y apenas nos inmiscuíamos en conflictos con tal o cual fracción burguesa), no puede lamentarse mucho que haya estallado la inevitable lucha.

 

  • Sobre la “masa reaccionaria”, le escribía Engels a Bernstein el 12 de junio de 1883:

“Aquí termina por cierto la frase sobre la masa reaccionaria, que como regla sólo es adecuada a la retórica (o, si no, a una situación realmente revolucionaria). Porque la ironía de la historia, trabajando de nuestra parte, reside precisamente en el hecho de que los diferentes elementos de esta masa feudal y burguesa se desgastan mutuamente, se combaten y devoran entre sí en ventaja nuestra, formando así el opuesto mismo de la masa homogénea que el Knoten imagina haber estudiado al llamarla “reaccionaria”. Por el contrario, todos esos diversos bandidos deben primero aplastarse mutuamente, desacreditarse y arruinarse por completo entre sí y prepararnos el terreno demostrando –uno tras otro- su incapacidad. Uno de los mayores errores de Lassalle fue el que olvidase por completo, en su labor de agitación, lo poco de dialéctica que había aprendido de Hegel. En esto nunca pudo ver más que un solo lado, igual que Liebknecht, pero como por ciertas razones este último vio por casualidad el lado correcto, fue después de todo superior al gran Lassalle… Y paralelamente a esto está la idea vinculada a la idea de una masa reaccionaria, de que si se echa por tierra las condiciones vigentes, debiéramos advenir al poder. Esto es un disparate. Una revolución es un lento proceso –recuérdese 1642-46 y 1789-93- y para que las condiciones puedan madurar para nosotros, y nosotros para ellas, deben llegar al poder todos los partidos intermedios y ser echados a su turno. Y entonces vendremos nosotros… y quizá también seamos nuevamente derrotados por el momento. Aunque si la cosa procede normalmente considero que esto último es apenas posible.






                                                           Londres, 28 de octubre de 1882

jueves, 13 de junio de 2013

LENIN- PREFACIO A LA CORRESPONDENCIA DE F.A.SORGE (III)



 


En 1889 comenzó en Inglaterra un movimiento lozano y enérgico, lleno de nuevo espíritu revolucionario, de los simples obreros no especializados ni cualificados (del gas, del puerto, etc.). Engels estaba entusiasmado de este movimiento y subrayó con admiración el papel de la hija de Marx, “Tussy”, que hacia agitación entre estos obreros. “Lo que más repele aquí —escribe Engels desde Londres el 7 de diciembre de 1889- es la “respectability” burguesa, que se ha hecho consubstancial a los obreros. La desarticulación de la sociedad en numerosas gradaciones, indiscutiblemente reconocidas por todos, cada una de las cuales por separado tiene su propio respeto a los “mejores” y a los “superiores”, data de tiempo tan remoto y está tan arraigada que a la burguesía no le cuesta gran trabajo engañar a las masas. Yo, por ejemplo, estoy muy poco seguro de que John Burns en su fuero interno se enorgullezca más de su popularidad entre los de su propia clase que de la que goza a los ojos del cardenal Manning, del alcalde de Londres y de la burguesía en general. Y Champion, teniente retirado, venía haciendo desde muchos años ciertos negocios sucios con elementos burgueses, sobre todo conservadores, mientras predicaba en un congreso clerical el socialismo, etc. Incluso el propio Tom Mann, a quien tengo por el mejor de todos ellos, se complace en contar que va a almorzar con el alcalde de Londres. Sólo al compararlos con los franceses se convence uno de lo bien que influye en este sentido la revolución”[1].
Los comentarios huelgan.

Un ejemplo más. En 1891 se cernía el peligro de guerra europea. Engels mantuvo correspondencia sobre esto con Bebel, y se pusieron de acuerdo los dos en que, si Rusia agredía a Alemania, los socialistas alemanes tendrían que combatir a la desesperada contra los rusos y cualesquier aliados suyos. “Si Alemania fuera estrangulada, nosotros lo seríamos con ella. Pero en el caso de que la lucha tomara un giro favorable, ésta cobraría un carácter tan encarnizado que Alemania podría sostenerse gracias sólo a medidas revolucionarias, por lo que es muy posible que nos viésemos obligados a empuñar el timón del poder y reeditar el año 1793” (carta del 24 de octubre de 1891)[2]

¡Para que se enteren los oportunistas que gritaban a voz en cuello que las perspectivas “jacobinas” aparecidas en 1905 ante el partido obrero ruso nada tenían que ver con la socialdemocracia! Engels indicaba explícitamente a Bebel la posibilidad de que los socialdemócratas hubieran de participar en un gobierno provisional.
Es muy natural que, con semejantes conceptos de las tareas de los partidos obreros socialdemócratas, Marx y Engels tuvieran la fe más halagüeña en la revolución rusa y en su gigantesca trascendencia universal. En su correspondencia vemos, durante casi veinte años, esa apasionada espera de la revolución en Rusia. 

He aquí una carta de Marx del 27 de septiembre de 1877. La crisis oriental[3] despierta el entusiasmo de Marx. “Rusia hace ya mucho que se encuentra en el umbral de grandes, revoluciones, para las que han madurado ya todos los elementos necesarios. La explosión se ha adelantado en muchos años gracias a los golpes asestados por los bravos turcos... La revolución comenzará secundum artem (“según todas las reglas del arte”) por devaneos constitucionales y habrá una bulla de primera (il y aura un beau tapage). Con el beneplácito de la madre naturaleza, llegaremos a vivir ese triunfo”[4]. (Marx tenía a la sazón 59 años de edad.)

La madre naturaleza no dio (y tal vez no pudiera dar) a Marx el beneplácito para vivir “ese triunfo”. Pero él predijo “los devaneos constitucionales”, y sus palabras parecen escritas ayer mismo, tanto sobre la primera como sobre la segunda Duma. Y eso que poner al pueblo sobre aviso de “los devaneos constitucionales” constituyó justamente “el alma viva” de la táctica del boicot, tan odiada por los liberales y los oportunistas... 

He aquí la carta de Marx del 5 de noviembre de 1880. Se alboroza del éxito que El Capital ha tenido en Rusia[5] y se pone de parte de los adeptos de Voluntad del Pueblo y en contra del grupo Reparto Negro[6], recién formado a la sazón. Marx captó con tino los elementos anarquistas de las ideas de los populistas de Reparto Negro y, sin conocer ni tener la posibilidad de conocer entonces la futura evolución de éstos hacia la socialdemocracia, los ataca con toda la fuerza de su sarcasmo flagelador: 

“Estos señores son contrarios a toda acción política revolucionaria. A juicio de ellos, Rusia debe dar un salto al milenio anarco-comunista-ateísta. Mientras tanto, preparan este salto con el más tedioso doctrinarismo. Han tomado los llamados principios de sus doctrinas del difunto Bakunin.”[7]
 
De ahí puede inferirse el valor que, para la Rusia de 1905 y los años ulteriores, habría concedido Marx a la importancia de “las acciones políticas revolucionarias” de la socialdemocracia*

He aquí una carta de Engels, fechada el 6 de abril de 1887: “En cambio, parece que la crisis es inminente en Rusia. Los últimos atentados han provocado un gran desconcierto...” Y en la carta del 9 de abril de 1887 vuelve a lo mismo... “El ejército está lleno de oficiales descontentos que conspiran” (Engels se hallaba entonces impresionado por la lucha revolucionaria de los adeptos de Voluntad del Pueblo y cifraba esperanzas en los oficiales, sin poder ver aún el espíritu revolucionario de los soldados y marinos rusos que se dio a conocer con tanto esplendor dieciocho años más tarde...). “…No creo que el estado actual de cosas perdure un año siquiera. Y cuando en Rusia estalle la revolución (“losgeht”), entonces ¡hurra!”[8].

La carta del 23 de abril de 1887 dice: “En Alemania se suceden las persecuciones (de los socialistas). Dijérase que Bismarck quiere prepararlo todo para que, en el momento que la revolución estalle en Rusia, y eso es cuestión de meses, Alemania pueda seguir al punto su ejemplo” (“los-geschlagen werden”)[9].

Los meses se hicieron larguísimos. Sin duda alguna habrá filisteos que, frunciendo el ceño y torciendo el gesto, condenarán con rigor “el revolucionarismo” de Engels o se reirán condescendientes de las viejas utopías del viejo emigrado revolucionario.

Si, Marx y Engels se equivocaron mucho y a menudo en cuanto a la proximidad de la revolución, en cuanto a las, esperanzas cifradas en la victoria de la revolución (por ejemplo, en 1848 en Alemania) y en cuanto a la creencia de que “la república” alemana estaba próxima (“morir por la república”, escribía Engels sobre aquella época, recordando su estado de ánimo como participante en la campaña militar a favor de la Constitución imperial en 1848-1849[10]). También se equivocaron en 1871, cuando se empeñaron en la empresa de “alzar el sur de Francia, para lo cual (Becker escribe en primera persona de plural, refiriéndose a si mismo y a sus amigos más cercanos, en la carta núm. 14 del 21 de julio de 1871) sacrificábamos y arriesgábamos todo lo que nos era humanamente posible...” Y en la misma carta: “Si en los meses de marzo y abril hubiéramos tenido más dinero, habríamos podido levantar todo el sur de Francia y salvar la Comuna de Paris (pág. 29). Pero semejantes errores de los gigantes del pensamiento revolucionario que trataban de elevar y supieron elevar al proletariado del mundo entero por encima de las tareas mezquinas, ordinarias, de tres al cuarto, son mil veces más nobles, más excelsos, más valiosos y próximos a la verdad en el plano histórico que la impúdica sapiencia del liberalismo oficial que canta, pregona, invoca y proclama la vanidad de las vanidades revolucionarias, la inutilidad de la lucha revolucionaria y el encanto de los desvaríos “constitucionales” contrarrevolucionarios... 

Con sus acciones revolucionarias llenas de errores, la clase obrera rusa conquistará su libertad e impulsaré a Europa; y que los espíritus vulgares sigan envaneciéndose de la infalibilidad de su inacción revolucionaria.



6 de abril de 1907
N. Lenin








* A propósito sea dicho. Si no me falta la memoria, entre 1900 y 1903 me contó, no sé si Plejánov o Vera Zasúlich, que existía una carta de Engels a Plejánov sobre Nuestras discrepancias y sobre el carácter de la revolución inminente en Rusia. Sería interesante saber con exactitud si ha existido tal carta, si se ha conservado y si no es hora ya de publicarla150.


[i] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 37, pág. 270.- 261.
[2] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 38, pág. l58.- 26l.
[3] Se alude a la guerra ruso-turca de 1877-1878.- 26l.
[4] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 34, pág. 229.- 262
[5] Algunos insignes representantes del pensamiento social ruso trabaron conocimiento con las obras de C. Marx ya en la década del 40 del siglo XIX. En I872 vio la luz la primera edición rusa de El Capital, traducido por G. A. Lopatin y N. F. Daniclson. Fue la primera traducción de El Capital a otro idioma.- 262.
[6] Voluntad del Pueblo: organización política secreta de populistas terroristas: que se formé en agosto de 1879. La encabezaba un Comité Ejecutivo. El objetivo inmediato de la organización era derrocar la autocracia zarista y conquistar la libertad política. Su programa contenía la demanda de organizar “un cuerpo permanente representativo del pueblo”, elegido por sufragio universal, la proclamación de libertades democráticas, entrega de la tierra al pueblo y elaboración de las medidas necesarias para poner las fábricas en manos de los obreros. Los adeptos de Voluntad del Pueblo sostuvieron una lucha heroica contra la autocracia zarista, pero, partiendo de la errónea teoría de los héroes “activos” y la multitud “pasiva”, pensaban conseguir la restructuración de la sociedad sin la participación de] pueblo, con sus propias fuerzas, mediante el terror individual, la intimidación y la desorganización del Gobierno. Después del l de marzo de I881 (asesinato de Alejandro II), el Gobierno, con brutales persecuciones, ejecuciones y provocaciones, aniquiló la organización de Voluntad del Pueblo. Reparto Negro: organización formada en I879 al escindirse la organización populista Tierra y Libertad en dos organizaciones: Voluntad del Pueblo y Reparto Negro. En sus reivindicaciones programáticas defendía en lo fundamental la plataforma de Tierra y Libertad. Posteriormente una parte de los adeptos de Reparto Negro evolucionó hacia el marxismo y fundó en 1883 la primera organización marxista rusa: el grupo Emancipación del Trabajo; otros después del l de marzo de 1331 se adhirieron a Voluntad del Pueblo.- 262.
[7] Véase C. Marx y F. Engels. Obras., t. 34, pág. 380.- 462.
150 De Nuestras discrepancias y del carácter de la venidera revolución en Rusia Engels escribió en una carta a V. I. Zasúlich, del 23 de abril de 1885 (véase C. Marx y F. Engels, Obras, t. 36, págs. 259-264).-263.
[8]  [este es 151] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 36, págs. 538, 540.- 263.
[9]  [este es 152] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 36, pág. 544.- 263.
[10]  [este es 153] Lenin se refiere al ensayo Morir por la república, de la serie La campaña alemana por una constitución imperial (véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 7, págs. l69-207).- 263.

viernes, 7 de junio de 2013

LENIN- PREFACIO A LA CORRESPONDENCIA DE F.A.SORGE (II)


...Mehring tiene razón (en Der Sorgesche Briefwechsel) cuando afirma que Marx y Engels entendían poco de “buenas maneras”: “no se paraban a pensarlo mucho para asestar un golpe, pero tampoco lloriqueaban por cada uno que recibían”. “Si os creéis –escribía  Engels en cierta ocasión- que vuestros alfilerazos podrán pinchar mi vieja piel, gruesa y bien curtida, os equivocáis.”[1] Marx y Engels suponían también en los demás esta imperceptibilidad adquirida por ellos –escribe Mehring.

Año 1893. Ajuste de cuentas a “los fabianos”[2], que se impone de por sí... para juzgar de los bernsteinianos (por algo Bernstein “ha educado” su oportunismo en Inglaterra, en el trato con “los fabianos”). “Aquí, en Londres, los fabianos son una pandilla de arribistas que, sin embargo, tienen bastante sentido común para comprender que la revolución social es inevitable; mas, al no querer confiar esta gigantesca labor únicamente al tosco proletariado, se dignan ponerse a la cabeza de él. El temor a la revolución constituye su principio básico. Son ‘intelectuales’ par excellence. Su socialismo es un socialismo municipal: el municipio y no la nación, al menos en los primeros tiempos, debe adueñarse de los medios de producción. Pintan su socialismo como una consecuencia extrema, pero ineluctable, del liberalismo burgués. De ahí su táctica: no combatir a los liberales con denuedo, como a adversarios suyos, sino llevarlos a las conclusiones socialistas, es decir, embaucarlos, ‘impregnar de socialismo el liberalismo’, no oponer los candidatos socialistas a los liberales, sino pasárselos de contrabando a los liberales, es decir, hacer que salgan elegidos con artimañas... Pero es claro que no comprenden que, obrando así, los engañados serán ellos mismos, o lo será el socialismo.

Los fabianos han publicado, además de distintas porquerías, algunos libros buenos de propaganda, y eso es lo mejor de cuanto han hecho los ingleses en este campo. Pero tan pronto como vuelven a su táctica peculiar, la de velar la lucha entre las clases, la cosa va mal. Por causa de la lucha de clases, los fabianos nos odian con fanatismo a Marx y a todos nosotros.

Como es natural, los fabianos cuentan con muchos partidarios burgueses, por lo que disponen de ‘mucho dinero’...”[3]


APRECIACION CLÁSICA
DEL OPORTUNISMO INTELECTUAL
EN LA SOCIALDEMOCRACIA

Año 1894. El problema campesino. “En el continente –escribe Engels el l0 de noviembre de 1894-, conforme crece el movimiento, se agranda también el afán de éxitos mayores aún, y la caza de campesinos, en el sentido literal de la palabra, se está poniendo de moda. Primero fueron los franceses, quienes declararon en Nantes por boca de Lafargue que no sólo no es cuestión nuestra acelerar la ruina de los pequeños campesinos —el capitalismo se encargará de hacerlo por nosotros—, sino que es necesario defender en realidad al campesino contra el fisco, contra los usureros y latifundistas. Pero, en modo alguno podemos expresar nuestra conformidad con esto. Primero, porque es necio, y segundo, porque es imposible. Luego Vollmar se pronuncia en Francfort en el sentido de que, en general, se propone sobornar a los campesinos, y el campesino a que se refiere es el de la Alta Baviera, distinto del pequeño campesino de la región del Rin, abrumado por las deudas, pues se trata del agricultor medio y rico que explota a mozos y mozas de labranza y vende ganado y cereales. Esto ya no se puede admitir sin renunciar a todos los principios.”[4]
Año 1894, 4 de diciembre: “...Los bávaros se han vuelto requeteoportunistas y se han transformado casi en un simple partido del pueblo (me refiero a la mayoría de los líderes y a muchos principiantes que han ingresado en el partido); en el Landtag bávaro han votado a favor de la totalidad del presupuesto, y Vollmar, sobre todo, ha organizado una agitación entre los campesinos a fin de ganarse no a los mozos de labranza, sino a los agricultores ricos de la Alta Baviera, a los propietarios de parcelas de 25 a 80 acres (de 10 a 30 hectáreas), es decir, a los que de ninguna manera pueden arreglárselas sin obreros asalariados...”[5]

De ahí se desprende que en el curso de más de un decenio Marx y Engels lucharon sistemática e incesantemente contra el oportunismo en el Partido Socialdemócrata Alemán y combatieron el espíritu filisteo intelectual y pequeñoburgués en el socialismo. Este es un hecho de suma importancia. El gran público sabe que la socialdemocracia alemana es tenida por modelo de política y táctica marxistas del proletariado, pero ignora la lucha constante que los fundadores del marxismo hubieron de sostener contra “el ala derecha” (expresión de Engels) de este partido. Y no es casual que poco después de la muerte de Engels se manifestara abiertamente esta lucha, hasta entonces latente. Era el resultado inevitable de decenios de desarrollo histórico de la socialdemocracia alemana.
Y en la actualidad resaltan ante nosotros con singular relieve las dos trayectorias de los consejos, indicaciones, correctivos, amenazas y moralejas de Engels (y de Marx). Los dos exhortaron con la mayor perseverancia a los socialistas anglo-norteamericanos a que se fundiesen con el movimiento obrero y extirpasen de sus propias organizaciones el estrecho y rutinario espíritu de secta. Los dos enseñaron con la mayor perseverancia a los socialdemócratas alemanes a no caer en el filisteísmo, en “el cretinismo parlamentario” (expresión de  Marx en la carta del 19 de septiembre de l879)[6], en el  oportunismo intelectual pequeñoburgués. ¿No es acaso sintomático que nuestras comadres socialdemócratas cacareen tanto sobre los consejos del primer tipo y cierren el pico respecto del segundo? ¿Acaso semejante apreciación unilateral de las cartas de Marx y Engels no es el mejor indicio de que nuestra socialdemocracia, la socialdemocracia de Rusia, presenta cierto...“carácter unilateral”? Hoy, cuando el movimiento obrero internacional descubre síntomas de profunda efervescencia y vacilación, cuando los excesos del oportunismo, del “cretinismo parlamentario” y del reformismo filisteo han hecho surgir los excesos opuestos del sindicalismo revolucionario, la trayectoria general de “los correctivos” hechos por Marx y Engels al socialismo anglo-norteamericano y alemán adquiere una importancia excepcional.

Marx y Engels enseñaban a los socialistas de los países donde no existe un partido obrero socialdemócrata, ni hay diputados socialdemócratas en los parlamentos, ni política socialdemócrata sistemática y consecuente en las elecciones y en la prensa, etc., en estos países los socialistas deben romper a toda costa con el sectarismo estrecho e incorporarse al movimiento obrero a fin de interesar en la lucha política al proletariado. Pues tanto en Inglaterra como en Norteamérica, a lo largo del último tercio del siglo XIX, el proletariado no mostró casi ninguna independencia política. La liza política en estos países —ante la ausencia casi absoluta de tareas históricas de carácter democrático burgués- estaba ocupada enteramente por una burguesía triunfante y satisfecha de sí misma, sin igual en todo el mundo en el arte de embaucar, corromper y sobornar a los obreros.

Creer que estos consejos de Marx y Engels al movimiento obrero anglo-norteamericano pueden ser aplicados lisa y llanamente a las circunstancias de Rusia significa utilizar el marxismo para un mezquino ajuste fraccional de cuentas entre intelectuales y no para asimilar su método ni para estudiar las peculiaridades históricas concretas del movimiento obrero en países determinados.

Por el contrario, en un país donde la revolución democrática burguesa ha quedado sin terminar, donde imperaba e impera “un despotismo militar revestido de formas parlamentarias” (expresión de Marx en su Crítica del Programa de Gotha)[7], donde el proletariado hace ya mucho que participa en la política y aplica una política socialdemócrata, en un país así temían Marx y Engels más que nada el envilecimiento parlamentario y el empequeñecimiento filisteo de las tareas y proporciones del movimiento obrero.

Con tanto mayor motivo debemos recalcar y poner en primer plano, en la época de la revolución democrática burguesa en Rusia, este aspecto del marxismo, porque en nuestro país hay una prensa burguesa liberal extendida, “brillante” y rica, que pregona a miles de voces ante el proletariado la “ejemplar” lealtad, la legalidad parlamentaria, la modestia y la moderación del vecino movimiento obrero alemán.

Esta patraña interesada de los traidores burgueses de la revolución rusa no es fruto de la casualidad ni de la perversidad personal de alguno que otro de los antiguos o futuros ministros del campo de los demócratas constitucionalistas. Es fruto de los profundos intereses económicos de los terratenientes liberales y burgueses liberales de Rusia. Y en la lucha contra esta patraña, contra este “aturdimiento de las masas” (“Massenverdummung”, según expresión de Engels en la carta del 29 de noviembre de 1886)[8], las cartas de Marx y Engels deben servir de arma insustituible para todos los socialistas de Rusia.

La patraña interesada de los burgueses liberales muestra al pueblo “la modestia” ejemplar de los socialdemócratas alemanes, cuyos jefes, los fundadores de la teoría marxista, nos dicen:

“La actuación revolucionaria de los franceses ha puesto al desnudo de manera más repelente aún la hipocresía de los oportunistas de la minoría parlamentaria socialdemócrata alemana, Viereck y Cía.” (se trata de la formación de un partido obrero en el Parlamento francés y de la huelga de Decazeville, que levantó una barrera entre los radicales franceses y el proletariado de Francia[9]). “En los últimos debates socialistas sólo han hablado Liebknecht y Bebel, y ambos muy bien. Con semejantes debates podemos presentarnos nuevamente en buena sociedad, cosa que antes, por desgracia, no siempre ocurría. En general, está bien que a los alemanes, sobre todo después de haber enviado al Reichstag un número tan crecido de filisteos (cosa que era, sin embargo, inevitable), se les dispute el papel de dirigentes del movimiento social internacional. En períodos de calma, todo se vuelve filisteo en Alemania, y en tales momentos, es absolutamente indispensable el aguijón de la competencia francesa...” (Carta del 29 de abril de 1886)[10].

Estas son las enseñanzas que mejor debería asimilar el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que se halla bajo la influencia ideológica predominante de la socialdemocracia alemana. Nos proporciona estas enseñanzas no sólo alguno que otro pasaje de la correspondencia de las personalidades más grandes del siglo XIX, sino el espíritu y todo el fondo de la crítica de la experiencia internacional del proletariado, crítica que ellos hicieron con franqueza de camaradas, sin la menor diplomacia o interés mezquino.

Demuestran asimismo hasta qué grado están realmente impregnadas de ese espíritu todas las cartas de Marx y Engels, los siguientes pasajes, si bien de índole relativamente privada, no por eso menos sintomáticos.


[1] Lenin cita una carta de F. Engels. a F. Kelly-Wischnewetzky del 2 de mayo de 1838 (véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 37, pág. 49).- 255.
[2] Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa, fundada en 1884. La Sociedad debe su nombre al caudillo romano del siglo III a. n. e. Fabio Máximo Cunctátor (El Contemporizador), llamado así por su táctica expectante que consistía en rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. Los miembros de la Sociedad Fabiana eran principalmente intelectuales de la burguesía: científicos, escritores y políticos; negaban la necesidad de la lucha de clase del proletariado y de la revolución socialista, y afirmaban que el paso del capitalismo al socialismo sólo es posible mediante pequeñas reformas y transformaciones paulatinas de la sociedad. En 1900 la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. El “socialismo Fabiano” es una de las fuentes de la ideología de los laboristas.-255.
[3] Lenin cita una carta de F. Engels a F. A. Sorge, del 18 de enero de 1893 (véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 39, pág. 8).- 256.
[4] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 39, págs. 257-258. Véase la crítica de la intervención de P. Lafargue y G. Vollmar en el trabajo de F. Engels El problema campesino en Francia y en Alemania.- 257.
[5] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 39, pág. 277- 257.
[6] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 34, pág. 328.- 257.
[7] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. I9, pág. 28.- 259.
[8] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 36, pág. 490.- 259.
[9] Huelga do Decazeville: huelga declarada espontáneamente por 2.000 mineros del carbón de la ciudad de Decazeville, Francia. La huelga, surgida a consecuencia de las insoportables condiciones de trabajo y el reforzamiento de la explotación de los obreros por los patronos, se prolongó cinco meses, de enero a junio de I886. Los obreros plantearon varias demandas, entre ellas el cierre de la tienda de comestibles del dueño y el despido del gerente que se distinguía por su crueldad. En un choque de la administración con los obreros resultó muerto el gerente. El Gobierno concentró tropas en Decazeville, lo que provocó amplia efervescencia en Francia; en París y en provincias tuvieron lugar mítines de protesta. Durante los tempestuosos debates acerca de la huelga de Decazeville en la Cámara francesa, los diputados burgueses, incluyendo los radicales, a quienes hasta entonces se adherían los diputados obreros, apoyaron al  Gobierno y las represalias contra los huelguistas, lo que determinó que los diputados obreros se separasen de los radicales y formaran un grupo obrero autónomo en la Cámara de Diputados francesa.- 259.
[10] Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 36, pág. 408.- 260.