Mostrando entradas con la etiqueta revisionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revisionismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de agosto de 2013

EL DETERMINISMO MARXISTA

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI
DEFENSA DEL MARXISMO VII
EL DETERMINISMO MARXISTA






...cada palabra, cada acto del marxismo
tiene un acento de fe, de voluntad, de
convicción heroica y creadora, cuyo impulso
sería absurdo buscar en un mediocre
y pasivo sentimiento determinista.


Otra actitud frecuente de los intelectuales que se entretienen en roer la bibliografía marxista es la de exagerar interesadamente el determinismo de Marx y su escuela, con el objeto de declararlos, también desde este punto de vista, un producto de la mentalidad mecanicista del siglo XIX, incompatible con la concepción heroica, voluntarista de la vida, a que se inclina el mundo moderno después de la Guerra.

Estos reproches no se avienen con la crítica de las supersticiones racionalistas y utopísticas y de fondo místico del movimiento socialista. Pero Henri de Man no podía dejar de echar mano de un argumento que tan fácil estrago hace en los intelectuales del novecientos, seducidos por el esnobismo de la reacción contra el “estúpido siglo diecinueve”. El revisionista belga observa, a este respecto, cierta prudencia. “Hay que hacer constar—declara— que Marx no merece el reproche que con frecuencia se le dirige de ser un fatalista, en el sentido de que negara la influencia de la volición humana en el desarrollo histórico; lo que ocurre es que considera esta volición como predeterminada”. Y agrega que “tienen razón los discípulos de Marx, cuando defienden a su maestro del reproche de haber predicado esa especie de fatalismo”. Nada de esto le impide, sin embargo, acusarlos de su “creencia en otro fatalismo, el de los fines categoriales ineluctables”, pues, “según la concepción marxista, hay una volición social social sometida a leyes, la cual se cumple por medio de la lucha de clases y el resultado ineluctable de la evolución económica que crea oposiciones de intereses”.

En sustancia, el neorrevisionismo adopta, aunque con discretas enmiendas, la crítica idealista que reivindica la acción de la voluntad y del espíritu. Pero esta crítica concierne sólo a la ortodoxia socialdemocrática que, como ya está establecido, no es ni ha sido marxista sino lasalliana; hecho probado hasta por el vigor con que se difunde hoy en la socialdemocracia tudesca esta palabra de orden: “el retorno a Lasalle”.

Para que esta crítica fuera válida habría que empezar por probar que el marxismo es la socialdemocracia, trabajo que Henri de Man se guarda de intentar. Reconoce, por el contrario, en la III Internacional, la heredera de la Asociación Internacional de Trabajadores, en cuyas asambleas alentaba un misticismo muy próximo al de la cristiandad de las catacumbas. Y consigna en su libro este juicio explícito:

Los marxistas vulgares del comunismo son los verdaderos usufructuarios de la herencia marxiana. No lo son en el sentido de que comprenden a Marx mejor con referencia a su época, sino porque lo utilizan con más eficacia para las tareas de su época, para la realización de sus objetivos.

La imagen que de Marx nos ofrece Kautsky se parece más al original que la que Lenin popularizó entre sus discípulos; pero Kautsky ha comentado una política en que Marx no ha influido nunca, mientras que las palabras que, como santo y seña, tomó Lenin de Marx, son la misma política después de muerto éste y continúan creando realidades nuevas.

A Lenin se le atribuye una frase que enaltece Unamuno en su La Agonía del Cristianismo; la que pronunciara una vez, contradiciendo a alguien que le observaba que su esfuerzo iba contra la realidad: “¡Tanto peor para la realidad!”. El marxismo, donde se ha mostrado revolucionario —vale decir, donde ha sido marxismo— no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido. Los reformistas resistieron a la Revolución, durante la agitación revolucionaria postbélica, con razones del más rudimentario determinismo económico. Razones que, en el fondo, se identificaban con las de la burguesía conservadora, y que denunciaban el carácter absolutamente burgués, y no socialista, de ese determinismo. A la mayoría de sus críticos, la Revolución Rusa aparece, en cambio, como una tentativa racionalista, romántica, antihistórica, de utopistas fanáticos.

Los reformistas de todo calibre, en primer término, reprueban en los revolucionarios su tendencia a forzar la historia, tachando de “blanquista” y “putschista” la táctica de los partidos de la III Internacional. Marx no podía concebir ni proponer sino una política realista y, por esto, extremó la demostración de que el proceso mismo de la economía capitalista, cuanto más plena y vigorosamente se cumple, conduce al socialismo; pero entendió, siempre como condición previa de un nuevo orden, la capacitación espiritual e intelectual del proletariado para realizarlo, a través de la lucha de clases. Antes que Marx, el mundo moderno había arribado ya a un momento en que ninguna doctrina política y social podía aparecer en contradicción con la historia y la ciencia. La decadencia de las religiones tiene un origen demasiado visible en su creciente alejamiento de la experiencia histórica y científica. Y sería absurdo pedirle a una concepción política, eminentemente moderna en todos sus elementos, como el socialismo, indiferencia por este orden de consideraciones. Todos los movimientos políticos contemporáneos, a comenzar por los más reaccionarios, se caracterizan, como lo observa Benda en su Trahison des Clercs (1), por su empeño en atribuirse una estricta correspondencia con el curso de la historia. Para los reaccionarios de L’Action Frangaise (2), literalmente más positivistas que cualquier revolucionario, todo el período que inauguró la Revolución liberal es monstruosamente romántico y antihistórico. Los límites y función del determinismo marxista están fijados desde hace tiempo. Críticos ajenos a todo criterio de partido, como Adriano Tilgher, suscriben la siguiente interpretación:

La táctica socialista, para conducir a buen éxito, debe tener en cuenta la situación histórica sobre la cual le toca operar y, donde ésta es todavía inmadura para la instauración del socialismo, guardarse bien de forzarle la mano; pero, de otro lado, no debe remitirse quietistamente a la acción de los sucesos, sino, insertándose en su curso, tender siempre más a orientarlos en sentido socialista, de modo de hacerlos maduros para la transformación final. La táctica marxista es, así, dinámica y dialéctica como la doctrina misma de Marx: la voluntad socialista no se agita en el vacío, no prescinde de la situación preexistente, no se ilusiona de mudarla con llamamientos al buen corazón de los hombres, sino que se adhiere sólidamente a la realidad histórica, mas no resignándose pasivamente a ella; antes bien, reaccionando contra ella siempre más enérgicamente, en el sentido de reforzar económica y espiritualmente al proletariado, de acentuar en él la conciencia de su conflicto con la burguesía, hasta que habiendo llegado al máximo de la exasperación, y la burguesía al extremo de las fuerzas del régimen capitalista, convertido en un obstáculo para las fuerzas productivas, pueda ser útilmente derribado y sustituido, con ventaja para todos, por el régimen socialista.
(La Crisi Mondiale e Saggi critice di Marxismo e Socialismo).

El carácter voluntarista del socialismo no es, en verdad, menos evidente, aunque sí menos entendido por la crítica, que su fondo determinista. Para valorarlo basta, sin embargo, seguir el desarrollo del movimiento proletario; desde la acción de Marx y Engels en Londres, en los orígenes de la I Internacional, hasta su actualidad, dominada por el primer experimento de Estado socialista: la URSS. En ese proceso, cada palabra, cada acto del marxismo tiene un acento de fe, de voluntad, de convicción heroica y creadora, cuyo impulso sería absurdo buscar en un mediocre y pasivo sentimiento determinista.




  1. La traición de los intelectuales.
  2. Acción Francesa: grupo fascista francés.



http://www.solrojo.org/SR39.pdf



jueves, 14 de febrero de 2013

CONTRA EL REVISIONISMO - PRESIDENTE MAO

SOBRE LA LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO
(3 – Presidente Mao Tse-tung)

El Presidente Mao Tse-tung desarrolló una grandiosa lucha contra el revisionismo contemporáneo de Jruschov y sus secuaces a nivel mundial, apuntando contra la siniestra restauración del capitalismo en la Unión Soviética, desenmascarándolo cabal y completamente como lo demuestra la “Polémica acerca de la línea general del Movimiento Comunista Internacional”, documentación redactada bajo su dirección personal. Sin embargo su más trascendental lucha contra el revisionismo la libró en la propia China a través de la Gran Revolución Cultural Proletaria. En su “Discurso en la II Sesión Plenaria del VIII Comité Central”, en 1956, dijo:

Respecto al XX Congreso del PCUS, quisiera decir algo. A mi juicio, existen dos ‘espadas’: Una es Lenin y la otra, Stalin. Ahora, una de esas espadas, Stalin, ha sido abandonada por los rusos. Gomulka y algunos húngaros han echado mano de ella para caer sobre la Unión Soviética y combatir el llamado stalinismo. Los Partidos Comunistas de muchos países europeos también están criticando a la Unión Soviética, y es Togliatti quien va a la cabeza. Los imperialistas, a su vez, hacen uso de esta espada para matar a la gente. Dulles, por ejemplo, la blandió durante algún tiempo. Lo ocurrido con esta espada no es que haya sido dada en préstamo, sino simplemente botada. Los chinos no la hemos abandonado. Como primer punto, defendemos a Stalin y, como segundo, criticamos sus errores; es por eso que hemos escrito el artículo ‘Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado’. A diferencia de aquellas gentes que denigran y liquidan a Stalin, nosotros lo tratamos conforme a la realidad.
En cuanto a la otra espada, Lenin, ¿no habrá sido abandonada en cierta medida por algunos dirigentes soviéticos? Me parece que lo ha sido en medida considerable. ¿Tiene aún validez la Revolución de Octubre? ¿Puede todavía servir de ejemplo para los demás países? En su informe ante el XX Congreso del PCUS, Jruschov afirmó que era posible conquistar el Poder por la vía parlamentaria, lo que quiere decir que para los demás países ya no es necesario aprender de la Revolución de Octubre. Abierta esta compuerta, el leninismo ha sido prácticamente abandonado.
La doctrina leninista es un desarrollo del marxismo. ¿En qué aspectos lo es? Primero, en cuanto a la concepción del mundo, es decir, el materialismo y la dialéctica; segundo, en cuanto a la teoría y la táctica de la revolución y, sobre todo, en lo que se refiere a la lucha de clases, la dictadura del proletariado y el partido proletario. Lenin creo, además, la doctrina de la construcción socialista. Desde la Revolución de Octubre de 1917, hubo construcción en medio de la revolución, y al respecto Lenin tuvo siete años de practica, la cual no tuvo Marx. Lo que nosotros estudiamos es precisamente estos principios fundamentales del marxismo-leninismo.”

E insistiendo en lo mismo y sobre los vacilantes ante las tormentas, el abandono del marxismo y el ataque contra las cosas avanzadas, en “Discursos en una conferencia de secretarios”, del año 57:

“En el transcurso del año pasado se desataron varias grandes tempestades en el plano internacional. El XX Congreso del PCUS lanzó su violento ataque a Stalin; posteriormente, los imperialistas levantaron dos grandes tormentas anticomunistas y, en el movimiento comunista internacional, también se desplegaron dos grandes y tempestuosas polémicas. Algunos Partidos europeos y americanos salieron seriamente afectados de dichas tempestades y sufrieron pérdidas considerables, en tanto que el impacto y las pérdidas en los Partidos de los países de Oriente fueron relativamente pequeños. Bastó que el XX Congreso del PCUS hiciera lo que hizo para que algunos de los que se habían presentado como fervientes partidarios de Stalin pasaran a combatirlo con igual fervor. En mi opinión, ellos han dejado de lado el marxismo-leninismo, no tienen un enfoque analítico de los problemas y, en fin, carecen de moral revolucionaria. El marxismo-leninismo conlleva, entre otras cosas, la moral revolucionaria del proletariado. Ya que ustedes fueron antes tan ardientes partidarios de Stalin, ¿no tendrían que haber explicado de alguna manera su actual viraje? Pero, sin brindar la menor explicación, han dado de repente un viraje de 180 grados, como si estas sus Señorías nunca jamás hubieran sido partidarios de Stalin, no obstante haberse adherido a él, en el pasado, de manera muy fervorosa. El problema de Stalin atañe al movimiento comunista internacional en su conjunto y a los Partidos Comunistas de todos los países.
La aplastante mayoría de los cuadros de nuestro Partido están descontentos con el XX Congreso del PCUS y consideran que ha ido demasiado lejos al atacar a Stalin. Este es un estado de ánimo natural, una reacción natural. Sin embargo, unos cuantos vacilaron. Cada vez que se avecina un tifón anunciando un aguacero, las hormigas salen de sus galerías, pues poseen un ‘olfato’ muy fino y entienden de meteorología. Al desatarse el tifón del XX Congreso del PCUS, también en China salieron de sus galerías algunas hormigas. Se trata de los elementos vacilantes de dentro del Partido, que cambian de posición cada vez que se les presenta determinada coyuntura. Al oír decir que habían acabado con Stalin de un mazazo, se frotaron las manos y se pasaron al otro lado, gritando vivas y afirmando que Jruschov tenía razón en todo y que estas sus Señorías venían sosteniendo lo mismo que desde hacia mucho. Pero mas tarde, al recibir unos cuantos garrotazos del imperialismo y otros tantos dentro del movimiento comunista internacional, hasta el propio Jruschov se vio obligado a cambiar un poco de tono, y entonces ellos volvieron, en su tambaleo, a este lado. Es que, impedidos por la tendencia general, no podían hacer otra cosa. Hierbas que crecen sobre la tapia se mecen con el viento. En su vacilación, volver acá no es su sincero deseo, y si lo es, en cambio, pasarse al lado de allá. ¡Qué bien hicieron esos elementos de dentro y de fuera del Partido en cantar loas a los acontecimientos de Polonia y Hungría! Al abrir la boca solo decían Poznan y al cerrarla, Hungría. De esta manera se descubrió el pastel, las hormigas salieron de sus galerías y las tortugas e hicoteas también hicieron su aparición. Ellos giraron conforme giro el bastón de Gomulka, abogando por la democracia grande cuando aquél abogaba por la democracia grande. Como ahora se ha operado un cambio en la situación, permanecen mudos. Pero quedarse mudos no es su íntimo deseo; lo que realmente desean es hacerse oír.”
“La delegación nuestra que fue últimamente a la Unión soviética destapó allí algunos problemas. En una conversación telefónica con el camarada Chou En-lai, yo le dije que esa gente estaba cegada por sus logros y que la mejor manera de tratar con ella era poniéndola como un trapo. ¿De qué logros se trata en este caso? De sólo cincuenta millones de toneladas de acero, cuatrocientos millones de toneladas de carbón y ochenta millones de toneladas de petróleo. ¿Tiene todo esto algo de impresionante? Nada. Pero, ¿qué clase de comunistas, que clase de marxistas son aquellos que se ponen calenturientos con tan poquita cosa? Yo diría que eso no tendría nada de impresionante ni siquiera en el caso de que se multiplicara por diez o por cien. Ustedes no han hecho mas que extraer de este globo terráqueo unas cuantas migajas, transformarlas en acero y hacer con este unos cuantos camiones y aviones y otras cosas por el estilo. ¿Qué tiene esto de maravilloso? Pero ustedes lo han convertido en un fardo que llevan a cuestas, un fardo tan pesado que les ha hecho dejar a un lado todos los principios revolucionarios. ¿No significa esto dejarse cegar por los logros?”
“En un período posterior a la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista de la Unión Soviética y los Partidos de algunos países de Europa Oriental dejaron de lado los principios fundamentales del marxismo. Tendieron un manto de silencio sobre la lucha de clases, la dictadura del proletariado, la dirección del Partido, el centralismo democrático, los vínculos del Partido con las masas, etc., y la atmósfera que allí se vivía era de escaso interés por estas cosas. Fue por eso que se produjeron los acontecimientos de Hungría. Nosotros hemos de atenernos firmemente a la teoría básica del marxismo.”
“El Partido Comunista ha sido blanco de no sé cuántos insultos. El Kuomintang nos tildaba de ‘bandidos comunistas’ y llamaba ‘elementos vinculados con los bandidos’ a los que mantenían contactos con nosotros. Pero los ‘bandidos’ resultaron mejores que los del Kuomintang, que no eran ‘bandidos’. Desde que el mundo es mundo, en su comienzo nada de lo avanzado ha sido aplaudido sino cubierto de invectivas. Desde su nacimiento, el marxismo y el Partido Comunista han sido objeto de injurias. Luego de transcurridos diez mil años, las cosas avanzadas serán también vilipendiadas al inicio.”

En su gran obra “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del Pueblo”, febrero del 57, el Presidente Mao nos dijo:

“El marxismo sólo puede desarrollarse en la lucha, esto es cierto no sólo para el pasado y el presente, también es necesariamente cierto para el futuro. Lo correcto se desarrolla siempre en el proceso de la lucha contra lo erróneo. Lo verídico, lo bueno y lo hermoso siempre existen en contraste con lo falso, lo malo y lo feo, siempre se desarrollan en la lucha con ellos. Cuando la humanidad desecha en general un error y acepta una verdad, una nueva verdad comienza a luchar contra las nuevas ideas erróneas. Esta lucha no cesará jamás. Esta es la ley del desarrollo de la verdad y, desde luego, la ley del desarrollo del marxismo.”

Y sobre no temer a la crítica sino desarrollarse en ella:

“¿Puede ser criticado el marxismo, puesto que es aceptado como ideología rectora por la mayoría del pueblo de nuestro país? Desde luego que sí. El marxismo es una verdad científica y no teme a la crítica. Si temiese la crítica, si pudiese ser derrotado con críticas, no tendría valor alguno. ¿Acaso, de hecho, los idealistas no critican el marxismo a diario y por todos los medios? ¿Acaso los que se aferran a las ideas burguesas o pequeñoburguesas y no desean modificarlas, no critican el marxismo también por todos los medios? Los marxistas no deben temer la crítica, venga ésta de donde viniera. Por el contrario, los marxistas tienen que templarse, desarrollarse y ampliar sus posiciones precisamente a través de la crítica, en la tormenta de la lucha. La lucha contra las ideas erróneas puede compararse con la vacunación: el hombre está inmune contra la enfermedad una vez que la vacuna ha hecho efecto. La cosa creada en invernadero no puede tener gran vitalidad.”

Así como en cuanto a dogmatismo y revisionismo:

“A la par que criticamos el dogmatismo, debemos también atender a la crítica del revisionismo. El revisionismo u oportunismo de derecha es una tendencia ideológica burguesa; es más peligroso que el dogmatismo. Los revisionistas, oportunistas de derecha, alaban de palabra el marxismo; también atacan el ‘dogmatismo’, pero lo que atacan es precisamente la quintaesencia del marxismo. Combaten o tergiversan el materialismo y la dialéctica; combaten o intentan debilitar la dictadura democrática popular y la dirección del Partido Comunista; combaten o intentan debilitar la transformación y la construcción socialistas. Incluso después de la victoria fundamental de la revolución socialista en nuestro país, queda todavía un cierto número de gentes que sueñan con restaurar el sistema capitalista; estas gentes luchan contra la clase obrera en todos los frentes, incluido el ideológico. Y en esta lucha, tienen en los revisionistas a sus mejores asistentes.

Y resaltando el carácter más pernicioso del revisionismo:

Durante largo tiempo hasta la fecha la gente ha criticado mucho al dogmatismo. Es así como debe ser, pero con frecuencia descuida criticar al revisionismo. Tanto el dogmatismo como el revisionismo están contra el marxismo. El marxismo ciertamente tiene que avanzar; debe desarrollarse junto con la evolución de la práctica y no puede detenerse. Quedaría sin vida si permaneciera estancado y estereotipado. Pero los principios básicos del marxismo nunca deben ser violados de otra forma se cometerán yerros. Es dogmatismo enfocar al marxismo desde un punto de vista metafísico y considerarlo como algo rígido. Es revisionismo negar los principios básicos del marxismo y negar su verdad universal. El revisionismo es una forma de ideología burguesa. Los revisionistas niegan las diferencias entre el socialismo y el capitalismo, entre la dictadura del proletariado y la dictadura de la burguesía. Lo que propician es, de hecho, no la línea socialista sino la línea capitalista. En las circunstancias actuales, el revisionismo es más pernicioso que el dogmatismo. Una de las importantes tareas nuestras del momento, en el frente ideológico, es desplegar la crítica al revisionismo.” (“Discurso ante la Conferencia Nacional del Partido Comunista de China sobre el trabajo de propaganda”).

En las ya referidas “Notas de lectura sobre el ‘Manual de la economía Política’ de la Unión Soviética”, se hace un importante deslinde sobre el surgimiento de las relaciones socialistas de producción y necesidad de combatir al revisionismo:

“El proletariado debe ‘unir en torno a sí a todos los trabajadores a fin de eliminar el capitalismo’ (Pág.327). Esta formulación es correcta. Pero aquí es preciso igualmente hablar de la toma del poder político. ‘El proletariado no encontrará jamás Una economía socialista completamente hecha’ y ‘los elementos de la economía socialista no pueden desarrollarse en una sociedad burguesa fundada sobre el sistema de la propiedad privada’ (Pág.328). En realidad, no solamente estos elementos ‘no pueden desarrollarse’ sino que no pueden ni siquiera existir. En una sociedad capitalista, los sectores socialistas de economía cooperativa y de economía del Estado no están siquiera en condiciones de nacer. Es evidente que no se puede hablar de su desarrollo. Es la diferencia principal entre nosotros y los revisionistas. Estos últimos dicen que en una sociedad capitalista ciertas empresas, tales como los servicios públicos urbanos, tienen un carácter socialista. Afirman que el pasaje al socialismo puede efectuarse pacíficamente, por la prolongación del capitalismo. Se trata de una grave deformación del marxismo.”

Y:

“En los planos ideológico, político y organizativo, la escisión entre los bolcheviques y los mencheviques en Rusia abrió el camino a la Revolución de Octubre. Si no hubiera habido lucha entre los bolcheviques y los mencheviques, si no hubiera habido lucha contra el revisionismo de la Segunda Internacional, habría sido imposible que la Revolución de Octubre triunfara. Luchando contra todos los revisionismos y todos los oportunismos, el leninismo nació y se desarrollo. Sin el leninismo no hubiera habido victoria de la revolución rusa.”

El Presidente Mao Tse-tung en los años sesentas sentó estas sustantivas y trascendentes conclusiones:

“En la lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo, todavía no se ha determinado quién vencerá a quién, puesto que es muy posible que el revisionismo triunfe y nosotros seamos derrotados. Nos valimos de esta posibilidad de ser derrotados para advertir al pueblo, encontramos que esto fue muy valioso para permanecer alertas contra el revisionismo y para prevenir y oponernos al revisionismo”.

Y sobre sus fuentes:

“La influencia burguesa es la fuente interna del revisionismo, y la capitulación ante la presión del imperialismo, su fuente externa”.

Así como la clave es:

“la cuestión de si la dirección del Partido y del Estado está en manos de los marxistas no de los revisionistas”.

La necesidad de destacar centralmente “el problema de prevenir la aparición del revisionismo”, lo cual demanda “ser verdaderos marxista-leninistas y no, como Jruschov, revisionistas disfrazados de marxista-leninistas”; y más aun nos emplaza: “hay que estar vigilantes contra el surgimiento del revisionismo, especialmente contra el surgimiento del revisionismo en el Comité Central de nuestro Partido”. Y apuntando a la raíz misma del problema, las dos grandes orientaciones estratégicas de: “Hay que combatir el egoísmo y criticar el revisionismo” y “Combatir el concepto de lo privado y repudiar el revisionismo”.

Asimismo, las siguientes conclusiones merecen destacarse muy especialmente por su inmensa repercusión en la lucha de clases internacional:

“El ascenso del revisionismo al Poder es, precisamente, el ascenso de la burguesía al Poder”.
“La Unión Soviética actualmente está bajo la dictadura de la burguesía, dictadura de la gran burguesía, dictadura de tipo fascista alemán, dictadura de tipo hitleriano”.
“La Unión Soviética, Yugoslavia y los otros países donde la camarilla revisionista contemporánea se encuentra en el Poder han cambiado o están en proceso de cambiar de color, restaurando el capitalismo y pasando de la dictadura del proletariado a la dictadura de la burguesía”.
Y: “Si los revisionistas llegan a usurpar la dirección en China, los marxista-leninistas de todos los países deberían denunciarlos y combatirlos con firmeza, ayudar a la clase obrera y a las masas populares chinas a oponerse al revisionismo.”

Además, comparando comunistas y revisionistas:

“En comparación con ustedes, la camarilla dirigente revisionista de la Unión Soviética, la camarilla de Tito de Yugoslavia y las otras camarillas de renegados y vendeobreros de toda calaña no son más que un montón de polvo mientras ustedes se yerguen como una elevada montaña que atraviesa las nubes. Son ellos sirvientes y cómplices del imperialismo ante quien se postran, en tanto que ustedes son intrépidos revolucionarios proletarios que se atreven a combatir contra el imperialismo y sus lacayos y a combatir contra todos los tiránicos enemigos del mundo.”

Y resaltando que el pueblo quiere la revolución, apoya el marxismo y rechaza el revisionismo:

“Los pueblos de todos los países, las masas populares, que constituyen más del noventa por ciento de la población total, invariablemente quieren la revolución y apoyarán al marxismo-leninismo. No respaldarán al revisionismo. Aunque por el momento algunos lo apoyan, terminarán por desecharlo. Ellos despertarán gradualmente, combatirán contra el imperialismo y los reaccionarios de todos los países, y lucharán contra el revisionismo.”

El Presidente Mao establece la inexorable perspectiva:

“Ya sea en China o en otros países del mundo, hablando en general, más del noventa por ciento de la población apoyará finalmente el marxismo-leninismo. En el mundo aún hay muchas personas que, debido al engaño de la socialdemocracia, el revisionismo, el imperialismo y toda la reacción, aún no han tomado conciencia política. Pero, de todos modos despertarán gradualmente y apoyarán el marxismo-leninismo. La verdad del marxismo-leninismo es irresistible. Las masas populares se levantarán invariablemente en revolución. La revolución mundial triunfará inexorablemente.”

¡Así será! ¡El marxismo-leninismo-maoísmo vencerá ineluctablemente!

Hemos considerado con amplitud y detenimiento cuatro cuestiones fundamentales del marxismo-leninismo-maoísmo:
1) la violencia revolucionaria,
2) la lucha de clases,
3) el socialismo y la dictadura del proletariado, y
4) la lucha contra el revisionismo.
Cuatro cuestiones fundamentales para cumplir nuestra área de conquistar el Poder en todo el país y, firmemente adheridos al internacionalismo proletario, servir a la revolución mundial; cuestiones fundamentales que, ante la nueva ofensiva contrarrevolucionaria revisionista, encabezada por Gorbachov y Teng, y la arremetida imperialista convergente, adquieren cada día mayor importancia y trascendencia. Cuatro cuestiones fundamentales que son, además de problemas candentes de la actualidad, parte medular del marxismo-leninismo-maoísmo; más aún tratándose del socialismo y la dictadura del proletariado que plantean no solo la cuestión trascendental de la construcción de la primera fase del comunismo sino el carácter de clase del Estado de todo el período de transición, dictadura del proletariado que es la esencia del socialismo y el eje histórico que lleva al comunismo. Así pues, enarbolar estas cuatro cuestiones fundamentales en la actualidad es parte insoslayable de enarbolar, defender y aplicar el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo, la invencible y todo poderosa ideología del proletariado; haciendo cada vez más nuestro el gran llamado del Presidente Mao Tse-tung:

“¡Marxista-leninistas de todos los países, uníos; pueblos revolucionarios del mundo entero uníos; derrocad al imperialismo, al revisionismo contemporáneo y a todos los reaccionarios de los diversos países! ¡Se edificará, sin duda alguna, un mundo nuevo libre de imperialismo, de capitalismo y de todo sistema de explotación!”

Y así, reafirmándonos una vez más sobre la victoria ineluctable del marxismo-leninismo-maoísmo y del comunismo sobre la faz de la Tierra, cumplamos con la mayor firmeza y decisión los acuerdos de la reciente última sesión del Comité Central; principalmente lo sancionando en la III parte de “¡Desarrollemos la guerra popular y construyamos la conquista del Poder!:

“1. Dar gran salto en la incorporación de las masas a la guerra popular. La vieja sociedad peruana y su evolución solo dan y darán al pueblo mas hambre, explotación, opresión y genocidio, mientras a los jóvenes les niega el futuro. El problema de la tierra; la nueva acumulación; y el mayor dominio imperialista. La supuesta superación de la inflación y de la crisis golpeara al pueblo más brutalmente que nunca. El pueblo sólo tiene un camino: desarrollar la guerra popular y conquistar el Poder en todo el país. ¡Combatir y resistir por la guerra popular!

2. Desarrollar la guerra de movimientos: perspectiva necesaria. La guerra de movimientos y la guerra de guerrillas. La teoría y la línea militar del Partido. La guerra de movimientos paso necesario de la guerra popular. Estudiar la guerra de movimientos en el maoísmo y aplicarla cada vez más a nuestras condiciones concretas.

3. ¡Construir la conquista del Poder! ¡Construir y Conquistar el Poder en todo el país! y ¡Desarrollar la guerra Popular!, tres cuestiones indesligablemente unidas. Desarrollar la construcción del Nuevo Estado, cuestión básica y central de la construcción; formar gobierno y desarrollar la organización estatal. Construcción del Partido y del EGP. “Tres bases y tres guías”: ‘Fortalecer la consolidación y forjar cuadros’; ‘Potenciar el Ejército Guerrillero Popular e impulsar especialmente las fuerzas principales’; ‘Desarrollar el Nuevo Poder y construir Comités Populares Abiertos’. Campaña de “Apoyar el Nuevo Poder”. Campaña de Rectificación, lucha de dos líneas y combatir el revisionismo como peligro principal.

4. Servir a la revolución proletaria mundial. Internacionalismo proletario. Movimiento proletario internacional y movimiento de liberación nacional. Movimiento Revolucionario Internacionalista. Movimiento Comunista Internacional. “¡Proletarios y naciones oprimidos del mundo, uníos!”, “¡Proletarios de todos los países, uníos!”

5. CAMPAÑA. Apuntar contra las elecciones generales aplicando el boicot; seguir abriendo comités populares abiertos, desarrollando la guerra popular e impulsar la guerra de movimientos; todo en cumplimiento de las tareas políticas establecidas por el Partido.

6. ¡El Partido guiándose por el marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento gonzalo garantiza el rumbo de la revolución!”

Es dentro de este contexto y perspectiva que consideramos la segunda vuelta de las elecciones generales, a cumplirse en junio; y teniendo en cuenta la experiencia de la década transcurrida y, mas aun, los brillantes resultados obtenidos recientemente por la política de boicot, concretados en la forja y crecimiento de un masivo torrente antielectoral ligado al desarrollo de la guerra popular, se impone la necesidad política de seguir aplicando el boicot mas firme y decididamente hoy. La voz de orden es simple y concreta: ¡No votar! Y la consigna clara y resuelta: ¡Elecciones, no! ¡Guerra popular, sí!


¡VIVA EL X ANIVERSARIO DE LA GUERRA POPULAR!
¡ABAJO LA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA, PRINCIPALMENTE YANQUI! ¡CONQUISTAR EL PODER EN TODO EL PAÍS!
¡VIVA EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ!
¡VIVA EL PRESIDENTE GONZALO!
¡GLORIA Al MARXISMO-LENINISMO-MAOISMO!

Mayo, 1990
PCP-COMITE CENTRAL

martes, 5 de febrero de 2013

LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO - LENIN


 
SOBRE LA LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO
(2 – Lenin)

Lenin desarrolló una extraordinaria lucha contra el viejo revisionismo cuya bancarrota se produjo en la I Guerra Mundial; de él dijo:

“El revisionismo o ‘revisión’ del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal, de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios”.

Señalando en 1899 y 1902, respectivamente:

“La socialdemocracia internacional atraviesa en la actualidad por un período de vacilación ideológica. Hasta ahora la doctrina de Marx y Engels era considerada como la base firme de la teoría revolucionaria; pero en nuestros días se dejan oír, por todas partes, voces sobre la insuficiencia y caducidad de esta doctrina. El que se declara socialdemócrata y tiene la intención de publicar un periódico socialdemócrata debe determinar con exactitud su posición frente a la cuestión que no apasiona solo, ni mucho menos, a los socialdemócratas alemanes.
Nosotros nos basamos íntegramente en la doctrina de Marx: ella transformó por primera vez el socialismo, de utopía, en una ciencia, echó las sólidas bases de esta ciencia y trazó el camino que había de tomar, desarrollándola y elaborándola en todos sus detalles. La doctrina de Marx descubrió la esencia de la economía capitalista contemporánea, explicando cómo el empleo del obrero, la compra de la fuerza de trabajo, encubre la esclavización de millones de desposeídos por un puñado de capitalistas, dueños de la tierra, de las fábricas, de las minas, etc. Esta doctrina demostró cómo todo el desarrollo del capitalismo contemporáneo se orienta hacia la substitución de la pequeña producción por la grande, creando las condiciones que hacen posible e indispensable la estructuración socialista de la sociedad. Ella nos enseñó a ver, bajo el manto de las costumbres arraigadas, de las intrigas políticas, de las leyes sabihondas y teorías hábilmente fraguadas, la lucha de clases, la lucha que se desarrolla entre las clases poseedoras de todo género y las masas desposeídas, el proletariado, quien está a la cabeza de todos los indigentes. La doctrina de Marx estableció las verdaderas tareas de un partido socialista revolucionario: no componer planes de reorganización de la sociedad ni ocuparse de la prédica a los capitalistas y sus acólitos de la necesidad de mejorar la situación de los obreros, ni tampoco urdir conjuraciones, sino organizar la lucha de clases del proletariado y dirigir esta lucha, que tiene por objetivo final la conquista del poder político por el proletariado y la organización de la sociedad socialista.” (“Nuestro Programa”).

“La socialdemocracia debe transformarse, de partido de la revolución social, en un partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reivindicación política con toda una batería de ‘nuevos’ argumentos y consideraciones bastante armoniosamente concordados. Ha sido negada la posibilidad de fundamentar científicamente el socialismo y de demostrar, desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia, su necesidad e inevitabilidad; ha sido negado el hecho de la miseria creciente, de la proletarización y de la exacerbación de las contradicciones capitalistas; ha sido declarado inconsistente el concepto mismo del ‘objetivo final’ y rechazada en absoluto la idea de la dictadura del proletariado; ha sido negada la oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo; ha sido negada la teoría de la lucha de clases, pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc.” (“¿Qué hacer?”).

Y resaltando su característica reptante:

“Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido, difuso, inaprehensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plantear los problemas de un modo preciso y definido, busca la resultante, se arrastra como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por ‘estar de acuerdo’ con uno y otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc., etc.” (“Un paso adelante, dos pasos atrás”).

Asimismo, combatiendo la negación de la lucha de clases y desenmascarando la colaboración de clases del revisionismo:

“En el campo de la política, el revisionismo intentó revisar realmente la base del marxismo, o sea, la teoría de la lucha de clases. La libertad política, la democracia, el sufragio universal –nos decían los revisionistas- destruyen la base para la lucha de clases y desmienten la vieja tesis del Manifiesto Comunista de que los obreros no tienen patria. Puesto que en la democracia impera la ‘voluntad de la mayoría’, no debemos ver en el Estado, según ellos, el órgano de la dominación de clases, ni negarnos a hacer alianzas con la burguesía progresiva, socialreformista contra los reaccionarios.
Es indiscutible que estas objeciones de los revisionistas se reducían a un sistema bastante armónico de concepciones, a saber: a las harto conocidas concepciones liberal-burguesas. Los liberales han dicho siempre que el parlamentarismo burgués suprime las clases y las diferencias de clase, ya que todos los ciudadanos sin excepción tienen derecho al voto y a intervenir en los asuntos del Estado. Toda la historia de Europa durante la segunda mitad del siglo XIX, y toda la historia de la revolución rusa, a comienzos del siglo XX, enseñan palpablemente cuan absurdos son tales conceptos. Bajo las libertades del capitalismo ‘democrático’, las diferencias económicas, lejos de atenuarse, se acentúan y se agudizan. El parlamentarismo no elimina, sino que pone al desnudo la esencia de las repúblicas burguesas más democráticas como órganos de opresión de clase. Ayudando a ilustrar y organizar a masas de población incomparablemente mas extensas que las que antes participaban de un modo activo en los acontecimientos políticos, el parlamentarismo prepara así, no la supresión de las crisis y de las revoluciones políticas, sino la mayor agudización de la guerra civil durante estas revoluciones. Los acontecimientos de París, en la primavera de 1871, y los de Rusia, en el invierno de 1905, pusieron de manifiesto, con excepcional claridad, cuán inevitablemente se produce esta agudización. La burguesía francesa, para aplastar el movimiento proletario, no vacilo ni un segundo en pactar con el enemigo de toda la nación, con las tropas extranjeras que habían arruinado a su patria. Quien no comprenda la inevitable dialéctica interna del parlamentarismo y del democratismo burgués, que conduce a solucionar la disputa por la violencia de las masas de un modo todavía más tajante que en tiempos anteriores, jamás sabrá desarrollar, sobre la base de este parlamentarismo, una propaganda y una agitación consecuentes desde el punto de vista de los principios, que preparen verdaderamente a las masas obreras para la participación victoriosa en tales ‘disputas’. La experiencia de las alianzas, de los acuerdos, de los bloques con el liberalismo socialreformista en la Europa occidental y con el reformismo liberal (demócratas constitucionalistas) en la revolución rusa, muestra de manera convincente que estos acuerdos no hacen más que embotar la conciencia de las masas, no reforzando, sino debilitando la significación real de su lucha, uniendo a los luchadores con los elementos menos capaces de luchar, con los elementos más vacilantes y traidores.” (“Marxismo y revisionismo”).

Y desentrañando su traición al socialismo y defensa de la democracia burguesa:

“La historia enseña que ninguna clase oprimida ha implantado ni ha podido implantar jamás su dominación sin atravesar un período de dictadura, es decir, de conquista del Poder político y de represión violenta de la resistencia opuesta siempre por los explotadores, la más desesperada y furiosa, una resistencia que no reparaba en crímenes. La burguesía, cuyo dominio defienden ahora los socialistas que hablan contra la ‘dictadura en general’ y enaltecen la ‘democracia en general’, conquistó el Poder en los países avanzados a costa de una serie de insurrecciones, de guerras civiles y de represión violenta contra los reyes, los feudales, los esclavistas y contra sus tentativas de restauración. Los socialistas de todos los países, en sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, han explicado miles y millones de veces al pueblo el carácter de clase de estas revoluciones burguesas y de esta dictadura burguesa. Por eso, la actual defensa de la democracia burguesa en forma de discursos sobre la ‘democracia en general’ y el actual vocerío y clamor contra la dictadura del proletariado en forma de gritos sobre la ‘dictadura en general’, son una traición directa al socialismo, el paso efectivo al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués precisamente en un momento histórico en que este reformismo ha fracasado en todo el mundo y en que la guerra ha creado una situación revolucionaria.” (“I Congreso de la Internacional Comunista”).

Por otro lado, analizando la aristocracia obrera como bastión social del revisionismo, en el II Congreso de la Internacional Comunista:

    “Una de las principales causas que dificulta el movimiento obrero revolucionario en los países capitalistas desarrollados es que, debido a las posiciones coloniales y a los superprovechos del capital financiero, etc., el capital, en estos países ha logrado separar una capa relativamente mas amplia y mas estable, una pequeña minoría, una aristocracia obrera. Esta goza de mejores condiciones de salario y esta sumamente imbuida del estrecho espíritu gremial y de perjuicios pequeñoburgueses e imperialistas. Este es el verdadero ‘bastión’ social de la II Internacional, de los reformistas y los ‘centristas’ y, en la actualidad, es casi el principal bastión social de la burguesía.”
“Aquí debemos preguntar: ¿Cómo se explica la firmeza de tales corrientes en Europa? ¿Y por qué este oportunismo es más fuerte en Europa Occidental que en nuestro país? Porque los países avanzados han creado y siguen creando su cultura mediante la oportunidad que tiene de vivir a expensas de mil millones de gentes oprimidas. Porque los capitalistas de estos países obtienen mucho más de lo que hubiesen sido capaces de obtener en forma de ganancias provenientes del robo a los obreros de sus propios países.
Antes de la guerra se calculaba que los tres países más ricos –Gran Bretaña, Francia y Alemania- obtenían solo de la exportación de capital, sin contar otros ingresos, ganancias de ocho mil a diez mil millones de francos por año.
No hace falta decir que de esta considerable cantidad es posible arrojar aunque sea 500 millones como limosna a los dirigentes obreros, a la aristocracia obrera, con el objeto de sobornarlos de diversa maneras. Todo el asunto se reduce precisamente al soborno. Este se hace de mil maneras diferentes: elevando la cultura en los mas grandes centros, creando instituciones docentes, creando miles de trabajos suaves para los dirigentes de las sociedades cooperativas, para los lideres tradeunionistas y para los lideres parlamentarios. Esto se realiza donde quiera que existan relaciones capitalistas modernas, civilizadas. Y estos miles de millones de superprovechos constituyen la base económica sobre la cual descansa el oportunismo en el movimiento obrero.”

Y sobre el revisionismo en cuanto producto de la concepción burguesa y de la influencia sobre el proletariado:

“¿En qué estriba su (del revisionismo) carácter inevitable en la sociedad capitalista? ¿Por qué es más profundo que las diferencias debidas a las particularidades nacionales y al grado de desarrollo del capitalismo? Porque en todo país capitalista existen siempre, al lado del proletariado, extensas capas de pequeña burguesía, de pequeños propietarios. El capitalismo ha nacido y sigue naciendo, constantemente, de la pequeña producción. El capitalismo crea de nuevo, infaliblemente, toda serie de ‘capas medias’ (apéndice de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres diseminados por todo el país, en virtud de las exigencias de la gran industria, por ejemplo, de la industria de bicicletas y automóviles, etc.). Estos nuevos pequeños productores se ven nuevamente arrojados también. de modo no menos inevitable, a las filas del proletariado. Es perfectamente natural que la mentalidad pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de los grandes partidos obreros.” (“Marxismo y revisionismo”).

Y:

“Así, pues, la exigencia de que la socialdemocracia revolucionaria diese un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués, iba acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta ultima crítica contra el marxismo se venía realizando ya desde hacía mucho tiempo, desde de la tribuna política, desde las cátedras universitarias, en numerosos folletos y en una serie de tratados científicos; como toda la nueva generación de las clases ilustradas ha sido educada sistemáticamente, durante decenios, a base de esta crítica, no, es de extrañar que la ‘nueva’ tendencia ‘critica’ en el seno de la socialdemocracia haya surgido de golpe, completamente acabada, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Por su contenido, esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni formarse; ha sido trasplantada directamente de la literatura burguesa a la literatura socialista.” (“¿Qué hacer?”).

Lenin calificó a los revisionistas como “mejores defensores de la burguesía que la propia burguesía”, en el II Congreso aludido dijo:

“No voy a extenderme sobre la manera concreta en qué debemos hacer esto: de esto me ocupo en mis tesis, que ya han sido publicadas mi tarea consiste en señalar las profundas raíces económicas de este fenómeno. La enfermedad es prolongada; la cura es aún mas prolongada que lo que los optimistas esperaban que fuese. El oportunismo es nuestro principal enemigo. El oportunismo en las filas más altas del movimiento obrero no es socialismo proletario, sino socialismo burgués. La práctica ha mostrado que estas gentes activas en el movimiento obrero que adhieren a esta tendencia oportunista son mejores defensores de la burguesía que la propia burguesía. Sin su dirección de los obreros, la burguesía no podría permanecer en el poder. Esto no solo esta probado por la historia del régimen de Kerensky en Rusia; esta también probado por la república democrática en Alemania, encabezada por su gobierno socialdemócrata; esta probado por la actitud de Albert Thomas hacia su gobierno burgués. Está probado por la experiencia análoga en Inglaterra y los Estados Unidos. He ahí donde está nuestro principal enemigo; y debemos vencer a este enemigo. Debemos abandonar este congreso con la firme determinación de llevar a cabo esta lucha en todos nuestros partidos hasta su verdadero fin. Esta es nuestra tarea principal.”

Y sobre “la única línea marxista”:

“Del ‘partido obrero burgués’ de las viejas tradeuniones, de la minoría privilegiada, distingue Engels la ‘masa inferior’, la verdadera mayoría y apela a ella, que no está contaminada de ‘respetabilidad burguesa’. ¡Ese es el guía de la táctica marxista!
Ni nosotros ni nadie puede calcular exactamente qué parte del proletariado es la que sigue y seguirá a los socialchovinistas y oportunistas. Sólo la lucha lo pondrá de manifiesto, sólo la revolución socialista lo decidirá definitivamente. Pero lo que si sabemos con certeza es que los ‘defensores de la patria’ en la guerra imperialista sólo representan una minoría. Y por esto, si queremos seguir siendo socialistas, nuestro deber es ir más abajo y más a lo hondo, a las verdaderas masas: en ello está todo el sentido de la lucha contra el oportunismo y todo el contenido de esta lucha. Poniendo al descubierto que los oportunistas y los socialchovinistas traicionan y venden de hecho los intereses de las masas, que defienden privilegios pasajeros de una minoría obrera, que extienden ideas e influencias burguesas, que, en realidad, son aliados y agentes de la burguesía, de este modo enseñamos a las masas a comprender cuáles son sus verdaderos intereses políticos, a luchar por el socialismo y por la revolución, a través de todas las largas y penosas peripecias de las guerra imperialistas y de los armisticios imperialistas.
La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas.” (“El imperialismo y la escisión del socialismo”).

Así como convocó a defender el marxismo y desarrollarlo pese a la grita de los revisionistas:

“Y ahora planteamos la pregunta: ¿qué aportaron de nuevo a esta doctrina aquellos bulliciosos ‘renovadores’, que tanto ruido han levantado en nuestros días, agrupándose en torno al socialista alemán Bernstein? Absolutamente nada: no impulsaron ni un paso adelante la ciencia que nos legaron, con la indicación de desarrollarla, Marx y Engels; no enseñaron al proletariado algunos nuevos métodos de lucha; no hicieron más que plegarse, recogiendo fragmentos de teorías atrasada predicando al proletariado, en lugar de la doctrina de la lucha, la de las concesiones a los enemigos más encarnizados del proletariado, a los gobiernos y partidos burgueses, que no se cansan de inventar nuevos métodos de persecución contra los socialistas. Uno de los fundadores y jefes de la socialdemocracia rusa, Plejanov tenía completa razón al someter a una crítica implacable la última ‘crítica’ de Bernstein, de cuyas concepciones también reniegan ahora los representantes de los obreros alemanes (en el Congreso de Hannóver).
Sabemos que estas palabras provocarán un montón de acusaciones que se nos echará encima: gritarán que queremos convertir el partido socialista en una Orden de ortodoxos’, que persiguen a los ‘herejes’ por su apostasía del ‘dogma’, por toda opinión independiente, etc. Conocemos todas estas frases cáusticas tan en boga. Pero, ellas no contienen ni un grano de verdad, ni un ápice de sentido común. No puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los socialistas, de la que éstos extraigan todas sus convicciones y la apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción. Defender la doctrina, que según su más profundo convencimiento es la verdadera, contra los ataques infundados y contra los intentos de empeorarla, no significa, en modo alguno, ser enemigo de toda crítica. Nosotros no consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e intangible: estamos convencidos, por el contrario, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados en la vida. Creemos que para los socialistas rusos es particularmente necesario impulsar independientemente la teoría de Marx, porque esta teoría da solamente los principios directivos generales, que se aplican en particular a Inglaterra, de un modo distinto que a Francia; a Francia, de un modo distinto que a Alemania; a Alemania, de un modo distinto que a Rusia.” (“Nuestro Programa”).

Y analizando el hundimiento del viejo revisionismo, en su muy importante obra “La bancarrota de la II Internacional” del año 1915, Lenin nos enseñó:

“Para los obreros conscientes, el socialismo es una convicción profunda y no una tapadera conveniente para ocultar tendencias conciliadoras pequeñoburguesas y de oposición nacionalista. Por bancarrota de la Internacional, estos obreros entienden la flagrante traición de la mayoría de los partidos socialdemócratas oficiales a sus convicciones y a las solemnes declaraciones hechas durante los discursos pronunciados en los congresos internacionales de Stuttgart y Basilea, en las resoluciones de estos congresos, etc. ... Es un hecho reconocido desde hace tiempo que, a pesar de todos los horrores y calamidades que provocan, las guerras reportan un beneficio más o menos grande al descubrir, denunciar y destruir implacablemente muchos elementos podridos, caducos y muertos de las instituciones humanas.”
“El oportunismo es el sacrificio de los intereses vitales de las masas en aras de los intereses momentáneos de una minoría insignificante de obreros, o dicho en otros términos, la alianza entre una parte de los obreros y la burguesía contra la masa proletaria. La guerra hace que esta alianza sea tanto más patente y forzosa. El oportunismo se ha ido incubando durante decenios por la especificidad de una época de desarrollo del capitalismo en que las condiciones de existencia relativamente civilizadas y pacificas de una capa de obreros privilegiados los ‘aburguesaba’, les proporcionaba unas migajas de los beneficios conseguidos por sus capitales nacionales y los mantenía alejados de las privaciones, de los sufrimientos y del estado de ánimo revolucionario de las masas que eran lanzadas a la ruina y que vivían en la miseria.”
“El socialchovinismo es el oportunismo tan maduro, tan fortalecido y envalentonado durante una larga época de capitalismo relativamente ‘pacífico’, tan cuajado ideológica y políticamente, tan ligado a la burguesía y a los gobiernos, que no es posible tolerar la existencia de tal corriente en el seno de los partidos obreros socialdemócratas.”
“Antes de la guerra, el oportunismo –si nos referimos a toda Europa- se encontraba, por decirlo así, en la adolescencia. Con la guerra ha llegado a la plena madurez y ya no se le puede devolver su ‘inocencia’ y su juventud. Ha madurado toda una capa social de parlamentarios, de periodistas, de funcionarios del movimiento obrero, de empleados privilegiados y de ciertos estratos del proletariado, capa social que se ha fundido con su burguesía nacional y a la que ésta ha sabido apreciar en su justo valor y ‘adaptar’. No es posible hacer girar hacia atrás o detener la rueda de la historia; pero lo que si se puede y se debe hacer es avanzar sin miedo y pasar de las organizaciones preparatorias y legales de la clase obrera, prisioneras del oportunismo, a unas organizaciones revolucionarias del proletariado que sepan no limitarse a la legalidad, que sepan ponerse a cubierto de la traición oportunista, a las organizaciones revolucionarias del proletariado que emprende la ‘lucha por el Poder’, por el derrocamiento de la burguesía.”

Y en “El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional”, del 16:

    “El carácter relativamente ‘pacifico’ del período comprendido entre 1871 y 1914 ha alimentado el oportunismo, primero como estado de ánimo, luego como tendencia y, finalmente, como grupo o sector de burocracia obrera y compañeros de ruta pequeñoburgueses. Sólo pudieron tales elementos subordinar el movimiento obrero reconociendo de palabra los objetivos revolucionarios y la táctica revolucionaria. Solo pudieron conquistar la confianza de las masas jurando que todo el trabajo ‘pacifico’ no era sino una preparación para la revolución proletaria. Esa contradicción era un tumor que alguna vez había de reventar y ha reventado. Ahora toda la cuestión consiste en decidir si, como hacen Kautsky y Cía., hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus), o si, para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podré del modo mas rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor.”



¡ELECCIONES, NO!
¡GUERRA POPULAR, SÍ!

Comité Central
Partido Comunista del Perú
1990

martes, 29 de enero de 2013

LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO - MARX

 
SOBRE LA LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO
(1 – Marx)

Finalmente, otra cuestión fundamental del marxismo-leninismo-maoísmo es la lucha contra el revisionismo; lucha necesaria, constante e implacable en defensa de la ideología del proletariado, e indispensable para desarrollar la revolución, conquistar el poder y persistir en la emancipación de la humanidad a través de la dictadura del proletariado y la dirección de partidos comunistas. En su época Marx y Engels, en setiembre de 1879, desenmascararon la esencia reformista y burguesa del programa sustentado en el llamado “Examen retrospectivo del movimiento socialista”, artículo escrito entre otros por E. Bernstein, el más tarde pontífice del viejo revisionismo:

“El reproche especial que aquí se le hace a Schweitzer es el de haber achatado el lassalleanismo, considerado aquí como un movimiento burgués democrático-filantrópico, reduciéndolo al nivel de una lucha unilateral de los obreros industriales por sus intereses. Pero, en realidad, resulta que Schweitzer acható el movimiento, haciéndolo más profundo, al darle el carácter de lucha de clases de los obreros industriales contra la burguesía. Más adelante se le reprocha el ‘haber ahuyentado a la democracia burguesa’. Pero, ¿qué tiene que hacer la democracia burguesa en las filas del Partido Socialdemócrata? (léase Partido Comunista) Si la democracia burguesa está integrada por ‘personas honradas’, no puede desear el ingreso en el Partido; y si a pesar de ello desea ingresar en él, sólo puede ser para hacer daño.
[…]
Así, pues, según estos señores, el Partido Social demócrata no debe ser un partido unilateralmente obrero, sino el partido universal ‘de todas las personas de verdaderos sentimientos humanitarios’. Y para demostrarlo, debe renunciar ante todo a las groseras pasiones proletarias y, dirigido por burgueses cultos y de sentimientos filantrópicos, ‘adquirir gustos finos’ y ‘aprender buenos modales’ (Pág.85). Entonces, los ‘toscos modales’ de ciertos lideres serán sustituidos por distinguidos ‘modales burgueses’ (¡como si la indecorosidad externa de aquellos a quienes se alude no fuese el menor de los defectos que se les puede imputar!).Entonces, tampoco tardarán en aparecer ‘numerosos partidarios procedentes de las clases cultivadas y ricas. Son estos elementos los que deben ser atraídos ante todo...si se quiere que la propaganda alcance éxitos tangibles’. El socialismo alemán ‘ha atribuido demasiada importancia a la conquista de las masas, a la vez que ha descuidado la propaganda enérgica (!) entre las llamadas capas altas de la sociedad’. Pero ‘al partido aún le faltan personas que pueden representarlo en el Reichstag’, y ‘es deseable, e incluso necesario, que las credenciales sean entregadas a personas que tengan tiempo y posibilidades de estudiar a fondo los problemas. Los simples obreros y los pequeños artesanos... sólo muy excepcionalmente pueden disponer del ocio necesario’. Así que, ¡elegid a los burgueses!
En una palabra, la clase obrera no es capaz de lograr por sí misma su emancipación. Para ello necesita someterse a la dirección de burgueses ‘cultivados y ricos’, pues sólo ellos ‘tienen tiempo y posibilidades’ de llegar a conocer lo que puede ser útil para los obreros. En segundo lugar, la burguesía no debe ser atacada en ningún caso, sino conquistada mediante una propaganda enérgica.
Pero si nos proponemos conquistar a las capas altas de la sociedad, o por lo menos a sus elementos bien intencionados en modo alguno debemos asustarlos. Y aquí es donde los tres de Zurich creen haber hecho un descubrimiento tranquilizador:
‘Precisamente ahora, bajo la presión de la ley contra los socialistas, el partido demuestra que no tiene la intención de recurrir a la violencia e ir a una revolución sangrienta, sino que por el contrario, está dispuesto... a seguir el camino de la legalidad, es decir, el camino de las reformas’. De este modo, si 500 o 600,000 electores socialdemócratas (la décima o la octava parte del censo electoral), dispersos, además, por todo el país, son lo bastante sensatos para no romperse la cabeza contra un muro y para no lanzarse, en la proporción de uno contra diez, a una ‘revolución sangrienta’, eso demuestra que han renunciado para siempre a utilizar cualquier gran acontecimiento de la política exterior y el ascenso revolucionario por él provocado, e incluso la victoria lograda por el pueblo en el conflicto que pueda producirse sobre esta base. Si alguna vez Berlín vuelve a dar pruebas de su incultura con otro 18 de marzo *, la socialdemocracia no participará en la lucha, como ‘cualquier chusma ansiosa de lanzarse a las barricadas’ (pág.88), sino que ‘seguirá el camino de la legalidad’, apaciguará la insurrección, retirará las barricadas y, en caso necesario, marchará con el glorioso ejército contra la masa unilateral, grosera e inculta. Y si esos caballeros afirman que no era tal la intención de sus palabras, ¿qué era, pues, lo que querían decir?
Pero aún falta lo mejor.
‘Cuanto más sereno, objetivo y circunspecto sea el partido en su crítica al orden actual y en sus propuesta de reforma, menos posibilidades habrá de que se repita la jugada, que ahora ha tenido éxito (al dictarse la ley contra los socialistas), y gracias a la cual la reacción consciente ha logrado meter en un puño a la burguesía, intimidada por el fantasma rojo’ (pág. 88).
Para liberar a la burguesía de toda sombra de temor, hay que demostrarle clara y palpablemente que el fantasma rojo no es más que eso, un fantasma que no existe en la realidad. Pero el secreto del fantasma rojo está precisamente en el miedo de la burguesía a la inevitable lucha a vida o muerte que tiene que librarse entre ella y el proletariado, está en el temor al inevitable desenlace de la actual lucha de clases. Acabemos con la lucha de clases y la burguesía, lo mismo que ‘todas las personas independientes’, ‘no temerá marchar del brazo con el proletariado’. Pero éste será precisamente quien se quede con un palmo de narices.
Por lo tanto, el partido debe demostrar con su acatamiento y humildad que ha renunciado para siempre a ‘los despropósitos y a los excesos’ que dieron pie a la promulgación de la ley contra los socialistas. Si promete voluntariamente no salirse del marco de esa ley, Bismarck y la burguesía serán naturalmente tan amables que la abolirán, pues ya no será necesaria.
‘Entiéndasenos bien’; nosotros no queremos ‘renunciar a nuestro partido ni a nuestro programa, pero consideramos que tenemos trabajo para muchos años si aplicamos todas nuestras fuerzas y todas nuestras energías a lograr ciertos objetivos inmediatos, que deben ser conseguidos por encima de todo antes de ponernos a pensar en tareas de mayor alcance’. Y entonces, los burgueses, los pequeño burgueses y los obreros, que ‘ahora se asustan...de nuestras reivindicaciones de largo alcance’, vendrán a nosotros en masa.
No se renuncia al programa; lo único que se hace es aplazar su realización... por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptación no es en realidad para sí mismo, para seguirlo durante la vida de uno, si no únicamente para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, ‘todas las fuerzas y todas las energías’ se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del régimen capitalista, para dar la impresión de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesía.
[…]
Tal es el programa de los tres censores de Zurich. Es de una claridad meridiana, sobre todo para nosotros, que desde 1848 conocemos al dedillo todos esos tópicos. Aquí tenemos a unos representantes de la pequeña burguesía llenos de miedo ante la idea de que los proletarios, impulsados por su posición revolucionaria, puedan ‘llegar demasiado lejos’. En lugar de una oposición política resuelta, mediación general; en lugar de la lucha contra el gobierno y la burguesía, intentos de convencerlos y de atraerlos; en lugar de una resistencia encarnizada a las persecuciones de arriba, humilde sumisión y reconocimiento de que el castigo ha sido merecido. Todos los conflictos impuestos por la necesidad histórica se interpretan como malentendidos y se da carpetazo a todas las discusiones con la declaración de que en lo fundamental todos estamos de acuerdo. Los que en 1848 actuaban como demócratas burgueses pueden llamarse hoy socialdemócratas sin ningún reparo. Lo que para los primeros era la república democrática es para los segundos la caída del régimen capitalista: algo perteneciente a un futuro muy remoto, algo que no tiene absolutamente ninguna importancia para la política del momento presente, por lo que puede uno entregarse hasta la saciedad a la mediación, a las componendas y a la filantropía. Exactamente lo mismo en cuanto a la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Se la reconoce en el papel, porque ya es imposible negarla, pero en la práctica se la difumina, se la diluye, se la debilita. El Partido Socialdemócrata no debe ser un Partido de la clase obrera, no debe despertar el odio de la burguesía ni de nadie. Lo primero que debe hacer es realizar una propaganda enérgica entre la burguesía; en vez de hacer hinca pie en objetivos de largo alcance, que asustan a la burguesía y que de todos modos no han de ser conseguidos por nuestra generación, mejor será que concentre todas sus fuerzas y todas sus energías en la aplicación de reformas remendonas pequeñoburguesas, que habrán de convertirse en nuevos refuerzos del viejo régimen social, con lo que, tal vez, la catástrofe final se transformara en un proceso de descomposición que se lleve a cabo lentamente, a pedazos y, en la medida de lo posible, pacíficamente. Esa gente es la misma que, son capa de una febril actividad, no sólo no hace nada ella misma, sino que trata de impedir que, en general, se haga algo más que charlar; son los mismos que en 1848 y 1849, con su miedo a cualquier acción, frenaban el movimiento a cada paso y terminaron por conducirlo a la derrota; los mismos que nunca advierten la reacción y se asombran extraordinariamente al hallarse en un callejón sin salida, donde la resistencia y la huida son igualmente imposibles; los mismos que se empeñan en aprisionar la historia en su estrecho horizonte de filisteos, y de los cuales la historia jamás hace el menor caso, pasando invariablemente al orden del día.
Por lo que respecta a sus convicciones socialistas, ya han sido bastante criticadas en el manifiesto del Partido Comunista, en el capítulo donde se trata del socialismo alemán o socialismo ‘verdadero’**. Cuando la lucha de clases se deja a un lado como algo fastidioso y ‘grosero’, la única base que le queda al socialismo es el ‘verdadero amor a la humanidad’ y unas cuantas frases hueras sobre la ‘justicia’.
[...]
En cuanto a nosotros, y teniendo en cuenta todo nuestro pasado, no nos queda más que un camino. Durante cerca de cuarenta años hemos venido destacando la lucha de clases como fuerza directamente propulsora de la historia, y particularmente la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado como la gran palanca de la revolución social moderna. Esta es la razón de que no podamos marchar con unos hombres que pretenden extirpar del movimiento esta lucha de clases. Al ser fundada la Internacional, formulamos con toda claridad su grito de guerra: la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos. No podemos, por consiguiente, marchar con unos hombres que declaran abiertamente que los obreros son demasiado incultos para emanciparse ellos mismos, por lo que tienen que ser liberados desde arriba, por los filántropos de la gran burguesía y de la pequeña burguesía.”


* Se refiere a la lucha revolucionaria de barricadas que tuvo lugar en Berlín el 18 y 19 de marzo de 1848.

** Ver Manifiesto, capítulo III, punto c).




¡ELECCIONES, NO!
¡GUERRA POPULAR, SÍ!

Comité Central
Partido Comunista del Perú
1990